23 nov. 2012

Guapa


A mis amigas del colegio.

Sábado. 5 de la tarde. Acababa de dar por finalizada su jornada laboral y como cada tarde de sábado se fue de compras al centro. Salió de Intimissimi con un par de bolsas y con la esperanza de que ese fin de semana el conjunto de ropa interior que acababa de comprar no se lo despojase uno de sus compañeros de piso, el mismo con el que acababa en la cama todos los fines de semana tras una noche de juerga.
Nunca pensó que con el paso de los años acabaría compartiendo piso con cuatros amigos de la Erasmus en la misma ciudad donde se habían conocido. Los cinco ya habían dejado atrás su etapa universitaria y hacía ya algo más de un año que el trabajo los había vuelto a reunir en la capital andaluza en unas condiciones que nos les permitían a ninguno de ellos alquilarse, y menos aún comprarse, un piso para ellos solos. Había sido ahora cuando la amistad de Amanda con sus compañeros de piso había surgido, a pesar de que siempre mantuvo el contacto con ellos a través del Facebook y del Tuenti en aquellos años en los que cada uno de ellos estuvo en sus respectivas ciudades.
Salió de la ducha y se envolvió en la toalla. El pelo le chorreaba, se lo peinó y cogió el secador. Cuando ya estaba totalmente seco, se fue a su habitación a buscar la plancha y allí delante del espejo se lo alisó mientras escuchaba las canciones de Guapa.
Paolo vio, a través de la puerta entreabierta, como Amanda, en minifalda y sujetador, se maquillaba. Al terminar guardó la sombra de ojos en el neceser que tenía encima del escritorio junto al portátil y cogió primero el rímel, después el colorete y, por último, el pintalabios.
Se acababa de poner la camiseta cuando escuchó el sonido de llamada del Skype. Cogió el portátil del escritorio, se tumbó en la cama y se puso el ordenador sobre sus muslos. Subió el volumen y contestó. Era una amiga del colegio que la llamaba para informarle de que ya sabía el día que se iba a casar y para que Amanda le confirmase si iría o no acompañada a la boda. La respuesta fue un casi inaudible “sí” acompañado de una tímida sonrisa y de la mirada de una enamorada.
Ir juntos a esa boda sería admitir que su relación era mucho más seria que la que tenían dos compañeros de piso que se acostaban juntos las noches de los sábados. Amanda y Paolo justificaban dicho hecho con el estrés laboral acumulado durante la semana y con la ingesta de alcohol. Sin embargo, tanto sus compañeros de piso como sus amigos de Génova y Trieste, respectivamente, sabían que lo que entre ellos había iba mucho más allá de una amistad donde había sexo sin sentimientos, según las palabras insistentes de Paolo y Amanda. Nadie se olvidaba de la complicidad que siempre existió entre los dos desde el momento en que se conocieron y del flirteo que había habido entre ambos durante la Erasmus y también después por Internet.
Cogió el bolso de Bimba y Lola que estaba colgado del perchero mientras escuchaba 20 de enero de La Oreja de Van Gogh. Guardó en su interior la cámara de fotos, el monedero, las llaves y la Blackberry. Por último, se puso los peep-toes azules que se había comprado unos días antes en Mango.
La noche empezaba en el Postura y seguiría en alguna discoteca del centro o de la calle Betis. Esa noche tanto Amanda como Paolo sólo esperaban acabar en la cama con algún desconocido. Sin embargo, con el baile y los cubatas de Brugal se volvió a repetir la misma historia de todos los sábados con la misma consecuencia de un ya cotidiano despertar de domingo.
Todo empezó una noche de principios de verano en la terraza del Alfonso y tras haber bebido unas capirinhas. Se encontraban bailando en medio de la pista cuando acortaron tanto las distancias entre los dos que sus labios se rozaron y en lugar de alejarse, profundizaron el beso. Apenas unos diez minutos después estaban camino del piso y a punto de dar un paso tan decisivo en su relación de amistad que ya nada volvería a ser lo mismo entre los dos.
Domingo. 10 y media de la mañana. Se despertó y se miró. Desnuda y sola. Estaba en su cama y la ropa tirada por el suelo. Sonreía como una tonta enamorada.
Se duchó y se hizo una cola de caballo. Se vistió con unos vaqueros y una camisa de cuadros de Abercrombie and Fitch.  Recogió la ropa y se dirigió a la cocina donde la esperaban Paolo y el desayuno. Se dejó seducir por la mezcla del olor de café recién hecho con el del pan recién tostado.
Paolo la recibió con un beso de buenos días y con una sonrisa que fue correspondida. Desayunaron café con leche, un par de tostadas con mermelada de fresa y un zumo de naranja recién exprimido que ambos agradecían en una fría mañana de invierno.
Empezaban así otro domingo más, igual a los anteriores. Era el único día de la semana que se reservaban para los dos y para disfrutar el uno del otro. Se comportaban como una pareja aunque ellos negaban que lo fuesen. No querían reconocer que disfrutaban haciendo cosas juntos y que sus pensamientos estaban monopolizados por esa otra persona. Habían estado tantos años deseando superar la frontera de la distancia y anhelando que sus labios al menos se rozasen, que ahora que lo habían logrado negaban todo lo que en su día se reconocieron a sí mismos que sentían.
Sus domingos se resumían en dar un paseo durante el cual compraban castañas asadas, en comer en los 100 Montaditos, tomarse un cappuccino en el Café de Indias y merendar un chocolate con churros en la calle San Eloy."

Elena Velarde
27 - 30 septiembre 2011 

4 comentarios:

  1. Recuerdo que cuando me pasaste este relato pensé que tu forma de narrar se había pulido mucho en comparación con tus antiguas historias.

    Ahora que lo vuelvo a leer, se me vienen a la mente diferentes escenas de novelas juveniles :) Pienso que deberías continuar este relato porque el final quedó demasiado abierto.

    Un beso

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  2. @Bramar Quizás lo continúe y lo corrija pero no puedo asegurarte nada. Es verdad el final queda bastante abierto pero es que cuando la escribí no quería que los protagonistas aceptasen lo que es un hecho. Es más bien un relato para reflexionar sobre lo cotidiano y lo que cuesta reconocer los sentimientos aunque sean muy evidentes. ;-)

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  3. Te reto a que la continues situada unos 10 años despues, con hijos y presiones cotidianas.
    Si la historia sigue hermosa como la contas, aplico el patch a mi vida. :)

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  4. @dani Curioso reto. Lo tendré en cuenta aunque no sé si sabré reflejarlo bien. ;-)

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