26 dic. 2012

Capítulo 6. "Recuerdos y cafés con leche" ("Pinceladas al óleo")


"La cafetera humeaba y el olor a pan recién tostado impregnaba toda la estancia. Miraba hacia ningún lugar y con la cucharita daba vueltas al café. No estaba sola. A su lado estaba Hermione que hojeaba una revista que se había encontrado en el baño y Ron buscaba algo para desayunar entre la nevera y la despensa.
Oyeron el timbre y unos pasos que se dirigían hacia la puerta. Ginny salió de su ensimismamiento, dejó la cucharita apoyada en le borde del plato y se acercó la taza a sus labios. Hermione comía una tostada de mermelada mientras leía. Ron se sirvió café en un vaso y se sentó al lado de Hermione.
- ¡Hola! - Saludó Harry al abrir la puerta. - Pasad. - Les dijo a Draco y Valle.
- ¿Estáis ya todos listos? - Preguntó Draco mientras Harry cerraba la puerta de entrada.
- Aún no. - Contestó Harry que se dirigía a la cocina.
- ¿Y Judith? - Preguntó Valle que miraba como Ginny, Hermione y Ron desayunaban.
Judith, recién salida de la ducha y con el pelo mojado, sacaba una botella de leche de la nevera. Hermione había dejado la revista abierta sobre la mesa. Llamó la atención de Harry y la cogió.
- Fíjate un momento en estas fotos. - Le dijo Harry a Judith que se estaba echando unas cucharitas de azúcar en el café.
- ¡Qué vestido más bonito! - Exclamó Judith. - Yo siempre he dicho que Alejandro es muy guapo y con uniforme de gala, aún más. - Comentó Judith, que había aparecido en la cocina con gafas, a quien la ducha aún no la había despertado.
-¿Puedes dejar el azucarero y coger la revista, por favor? - Le imploró Harry.
La reacción de Judith no se hizo esperar. Se fijó en el rostro de la chica de las fotografías, después dirigió su mirada hacia la mesa y finalmente se cruzó con la expresión de extrañeza de su marido. En un par de segundos sacó todas las conclusiones.
- No podía ser. - Pensaron Harry y Judith pero ambos eran muy observadores y pocas veces se equivocaban cuando sospechaban algo.
Ginny permanecía ajena a lo que habían descubierto Judith y Harry, y a lo que tramaban aprovechando que Judith se iba a Londres esa misma tarde. A Hermione, que había estado hojeando la revista minutos antes, las fotografías no le habían llamado la atención, dejó la revista sobre la mesa y se puso a charlar con Ron, Valle y Draco.
Vio el dedo de Harry que señalaba un párrafo. Lo leyó pero algo le decía que a lo largo de la revista hablaban más acerca de la pareja de las fotos. Buscó el índice y le echó un vistazo. "Ginevra Weasley, la joven que ha sabido ganarse el corazón de los ingleses." Ése era el titular.
- Tómate ya el café que se te va a enfriar. - Le ordenó Harry a Judith. - Yo busco la página.
Ahí estaba el reportaje que el día anterior en el vuelo Londres-Sevilla tantas lágrimas le había hecho derramar a Ginny. En esas páginas no encontraron nada que no supiesen ya, sino que esta vez la información la vieron desde otro punto de vista, el que menos esperaban.
Harry no sabía que pensar. Habían pasado diez años y todo había cambiado mucho. Sus planes para el futuro cuando eran adolescentes apenas se habían cumplido y cuando lo habían hecho, las circunstancias los habían cambiado. Ninguno había llegado a estudiar la carrera de auror, el quidditch menos Ginny lo habían abandonado y al final sus vidas estaban más relacionadas con los muggles que con los magos. Voldemort, ya derrotado, estaba detrás de todo.
Draco siempre había sido el hijo perfecto y tenía todas las cualidades para destacar entre los mortífagos, sin embargo, que lo hubiesen criado entre algodones y en el odio hacia los muggles y los magos de sangre sucia y/o mestiza traería graves consecuencias cuando, siendo adolescente, trabajó para Voldemort. Fue entonces cuando todo su mundo se desmoronó y renunció a todo lo que el antiguo Draco era. Al principio fue duro pero a la larga significó un cambio muy positivo.
Casi once años después de ese verano ya no quedaba nada del Draco arrogante de Hogwarts. Hermione, por quien el ojigris siempre había sentido un profundo odio por ser hija de muggles, fue la primera persona que conoció al nuevo Draco pero Harry y Ron nunca creyeron en ese cambio del chico rubio. Alejó de su corazón a Pansy Parkinson y su lugar fue ocupado por una estudiante de Gryffindor de cabello por aquel entonces bastante enmarañado. Nunca sería suya, lo sabía. No quiso interponerse en la relación que la chica castaña mantenía con Ronald Weasley pero no renunciaría a la amistad de la muchacha.
Al empezar séptimo decidió romper con todos los lazos que aún mantenía con sus padres, los mortífagos y Voldemort. Tras los EXTASIS dejó Inglaterra por una vida muggle en Sevilla con el deseo de empezar desde cero. Hermione le había mostrado algunas de las maravillas del mundo muggle y el fin de sus estudios en Hogwarts fue el momento de arriesgarse. Si no lo hubiese hecho, nunca hubiese conocido a Valle.
Harry también dejó Gran Bretaña tras los EXTASIS y durante unos años recorrió todo el mundo. No se estableció en ningún lugar hasta que recaló en Sevilla.
La miró mientras, apoyada en la encimera y con apariencia distraída, se comía una tostada. Por ella había dejado de huir y había vuelto a Londres tras años de ausencia. La admiraba porque su fragilidad era sólo apariencia y había sabido alcanzar sus sueños de adolescencia.
Judith le había abierto su corazón y se sacrificó mucho para que Harry volviese a creer en sí mismo. Se preocupaba demasiado por los demás y eso a veces hacía que se olvidase de sí misma.


Nunca había visto unos ojos color violeta. Su mirada era cálida y seductora. Al día siguiente de verla en la catedral fue a visitar los patios de la Universidad de los que tanto y tan bien le habían hablado. Allí estaba ella saliendo de la biblioteca pero no iba sola.
- Perdón, ¿dónde está la cafetería? - Le preguntó Harry acercándose hasta esa chica desconocida.
Judith percibió la dificultad con la que el joven se había expresado en español y un marcado acento británico que se escondía tras cada palabra.
- Nosotros vamos para allá a tomar algo. Si quieres, te puedes venir. - Le sugirió Judith en un perfecto inglés que era característico de las clases altas de Londres. - Soy Judith y él es Pablo. Y tu, ¿cómo te llamas? - Le preguntó Judith con interés.
- Harry.
Estrechó la mano de Pablo y le dio un beso a Judith en la mejilla.
- Dima, me voy. Ya hablamos en otro momento. - Dijo Pablo y Judith lo miró desconcertada. - ¡Hasta luego! - Se despidió alejándose de Harry y Judith.
La vio más atractiva que el día anterior. El pelo lo llevaba recogido con una pinza y algunos mechones rebeldes enmarcaban su rostro.
No podían borrar la sonrisa de sus rostros ni dejar de mirarse a los labios. Sus pupilas brillaban. Un hormigueo recorría sus cuerpos. Estaban apoyados en un árbol y al distancia que había entre ambos era la carpeta de Judith sobre la que había colocado su bolso y su abrigo.
- ¿Eres de Londres? - Le preguntó Harry.
Judith no se sorprendió ante la pregunta. La esperaba.
- Mi padre sí es de Londres, yo soy de Sevilla al igual que mi madre y mis hermanos pero tengo la doble nacionalidad.
Sacó la cartera del bolso, cogió los documentos que la identificaban como ciudadana española y británica y se los mostró a Harry. El roce de sus manos les produjo un escalofrío.
No hacía mucho que su relación con Pablo se había terminado. No se planteaba comenzar otra. Ahora no quería volverse a enamorar. No se arrepentía de haber estado tantos años con Pablo.
- ¿Hasta cuándo te quedas? - Le preguntó con curiosidad Judith a Harry.
- Pensaba quedarme sólo una semana para conocer la ciudad pero voy a buscarme un piso para alargar mi estancia durante tiempo indefinido.
Iba a quedarse en Sevilla por Judith. Si seguía con su viaje o volvía a Inglaterra, no sabía si algún día la vería de nuevo. No quería desaprovechar la oportunidad que se le presentaba.
La huida no le había solucionado los problemas ni le había dado valor para afrontarlos. Sólo había sido un reflejo de su cobardía. Ya no quedaba nada de su fortaleza de antaño.
- Si quieres, yo te ayudo a buscar piso y te doy clases de español. - Sugirió Judith con entusiasmo.
- No hace falta. Se te ve una chica llena de obligaciones, no quiero estirarte tu agenda ni que por mí dejes de hacer otras cosas. No quiero hacerte sentir incómoda. - Dijo Harry con humildad.
- De verdad, no es ninguna molestia y ya organizaré mi agenda de tal manera que pueda abarcar todo sin quitarle más horas al sueño. - Intentó Judith convencer a Harry.
Parecían una pareja. Seguían sentados en el mismo sitio y Judith había apoyado su cabeza sobre el hombre de Harry. La carpeta, el bolso y el abrigo lo habían cambiado de lugar y se arrimaron aún más.
Podía sentir su respiración entrecortada y los latidos del corazón en el cuello. Vio como se mordía y mojaba los labios a cada momento. Se sentía igual que él. Ya había demasiada intimidad para que fuese a más. No se deberían haber aproximado tanto.
- ¡Hola! - Saludó Lluvia que acababa de llegar hasta el árbol donde Harry y Judith estaban apoyados.
Judith se sobresaltó. No podía controlar su nerviosismo. Se levantó y le dio un par de besos a su amiga en la mejilla.
- Él es Harry. - Dijo Judith con voz temblorosa.
- Lluvia. - Dijo ésta al saludarlo.
- ¿Qué haces aquí? - Preguntó Judith cortante.
- Habíamos quedado para tomar un café y siento mucho haber sido tan inoportuna. - Se disculpó Lluvia al recordar la escena que había presenciado unos momentos antes.
- No pasa nada. Yo ya me iba. - Dijo Harry.
Cuando Judith quiso reaccionar, ya era tarde. Harry había desaparecido de su vista y no sabía cuando se volverían a encontrar. No podía evitar pensar en él.
- Estabas muy bien acompañada. - Le dijo con ironía Lluvia a Judith. - Deberías haberte quedado con él. Nosotras podemos quedar otro día.
- No sé a donde ha ido. Soy tonta. Lo he dejado escapar. - Se lamentó Judith."

Elena Velarde
Marzo 2006 (corregido en octubre de 2010)

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