30 nov. 2012

"Agradecimientos - Trabajo Fin de Máster - Curso 2010/2011"

NOTA: Éstos son los agradecimientos que escribí para mi Trabajo Fin de Máster.


"A mi tutora, Magdalena Valor, por su atenta y paciente lectura de este trabajo, y por todo lo que he aprendido de ella. También por haberme transmitido su pasión por el estudio de las fortificaciones y por haber despertado en mí un gran interés por la Génova medieval.
A los profesores del área de Historia Medieval que me dieron clase durante la licenciatura y gracias a los cuales creció mi interés por la Edad Media: Mercedes Borrero, Manuel García Fernández, Gloria Lora, Mª Antonia Carmona, Daniel Rodríguez, Federica Toniolo, Alejandra Chavarría Arnau y Michele Asolati.
Al Máster de Arqueología por darme la oportunidad de realizar esta investigación.
A la Universidad de Granada por permitirme acceder a parte de sus fondos bibliotecarios y a sus profesores del área de Historia Medieval: Alberto García Porras, Manuel Espinar, Julio Navarro, José María Martín Civantos y Antonio Malpica. Tampoco quiero olvidarme de mis compañeros de Arqueología Medieval de Granada por toda la ayuda prestada y todas las ideas compartidas.
A los bibliotecarios de Prehistoria y Arqueología (María Coto) y de Historia Medieval (Daniel y Fernando) por su ayuda y paciencia cada vez que les solicitaba algún libro o una revista.
Por último, a mi familia y a mis amigos del colegio, de la facultad y de la Erasmus que tanta paciencia han tenido conmigo este último año y que tanto me han apoyado durante la realización de este trabajo."

Firmado:
Elena Velarde
Sevilla, 18 de noviembre de 2011

28 nov. 2012

Capítulo 3. "En dirección a Sevilla" ("Pinceladas al óleo")


"Habían pasado toda la mañana en "El Caldero Chorreante" y después de comer algo se dirigieron al aeropuerto con tiempo suficiente. En Heathrow Hermione se sorprendió con los familiarizados que estaban Ron y Ginny con los aeropuertos.
Facturaron juntos su equipaje y antes de subir al avión tomaron algo en una de las cafeterías de la zona de embarque y compraron algunas revistas y periódicos muggles.
- Hay cosas que, a pesar del tiempo, no se olvidan. - Pensó Ginny al observar a Ron y Hermione.
Hermione había dejado a Ron nueve años atrás por un argentino y su relación con Leonardo se acabó tras muchos años de convivencia y desde entonces se preguntaba qué hubiese pasado si no se hubiese ido a Buenos Aires y si fue un error dejar Inglaterra tras acabar los EXTASIS. Ron intentó olvidarla y ahora convivía con una chica en Kiev, sin embargo, al volver a verla le apreció una mujer aún más atractiva que la chica de la que había estado enamorado en su adolescencia y entonces supo que nunca podría dejar de amarla.
Ron y Hermione charlaban como en los viejos tiempos cuando estaban juntos y no discutían tanto. Ginny leía la revista que tenía en sus manos y pensaba en como podría decirles que se casaba en unas semanas con el heredero de Inglaterra, y eso era sólo el principio, aún ocultaba más cosas.
No sabía qué le pasaba con Hermione, sus ojos sólo veían sus labios y con la mirada la desnudaba. Sentirla tan cerca hacía que su cuerpo temblase y que el ritmo de sus pulsaciones se acelerase. Lo había dicho esa misma mañana, ahora no estaba con nadie pero a Ron le dolió decir que si tenía pareja estable. ¿Qué pasaría ahora que se habían vuelto a encontrar y que haría con Leysana? Quiso convencerse de que Hermione era ya cosa del pasado, y que su presente y su futuro estaban en Kiev junto a Leysana Timoshenko.
Había apoyado su cabeza en el hombro de Ron, cerró los ojos y se quedó dormida. Su mano se deslizó por la barra y se posó sobre la pierna de él. Nunca le iba a perdonar que se hubiese ido a Buenos Aires con todas las consecuencias que eso trajo y no podría volver a ser suyo como en aquellos días de verano ya lejanos. No pudo evitar soñar con Ron, que una sonrisa le iluminase el rostro y que sus mejillas se sonrojasen al igual que a los dieciséis años cuando todos menos Hermione sabían que se había enamorado del chico pelirrojo.
Ron notó en su pierna la mano de Hermione y con delicadeza uno de sus brazos rodeó la espalda de la chica. Volvió a tener la misma sensación de hormigueo que años atrás cuando sólo eran amigos y la abrazaba, y entonces quiso besarla. Estaba dormida y sonreía, sin embargo, se acordó de Leysana cuando sus labios casi rozaban los de Hermione.
Ginny, absorta en sus pensamientos, permanecía ajena a todo lo que pasaba a su alrededor. Tenía una revista abierta sobre sus piernas y entre sus dedos estaba el borde de la página que esperaba que pasase a la siguiente. Había algo en ese reportaje que la entristecía y que hacía que sus pupilas estuviesen cubiertas por las lágrimas. No impidió que éstas resbalasen por sus mejillas y llegasen hasta la comisura de sus labios donde dibujaban el contorno de esos otros que la despertaban cada mañana y a cuyo dueño tanto amaba.
El avión había empezado a descender cuando Hermione se despertó y avergonzada retiró su mano de la pierna de Ron. Ginny dejó de lado sus preocupaciones, pasó las páginas del reportaje a toda velocidad y con disimulo se limpió sus mejillas húmedas por las lágrimas mientras saboreaba las que llegaban hasta sus labios.
- Tengo curiosidad por saber qué ha sido de Harry en estos últimos años. - Comentó Ron.
- Supongo que vendrá al aeropuerto a recogernos. - Dijo Ginny poco convencida.
- En su carta decía que nos esperará allí. - Dijo Hermione. - Sevilla es una ciudad muy bonita, llena de color e historia. - Comentó con una sonrisa.
- ¿Cuándo has estado en Sevilla? - Preguntó incrédulo Ron.


Habían comido en la Feria con la familia de Judith y dieron un paseo por las calles del recinto ferial, que estaban llenas de coches de caballos y de sevillanos que disfrutaban de su fiesta más tópica, antes de que Harry se dirigiese al aeropuerto y Judith se reuniese con sus amigas del colegio.
Harry con uno de sus brazos rodeaba los hombros de Judith, ataviada con ese traje de gitana que se había hecho el año anterior.
- ¿En qué has pensado para esta noche? - Preguntó Judith con interés.
- En organizar un picoteo en casa. - Contestó Harry. - Quiero que conozcan la buena gastronomía que hay en Sevilla.
- Podemos hacer "rebujito" con manzanilla y "Sprite" que compré esta mañana. - Comentó Judith con entusiasmo.
- ¿No has bebido ya bastante? - Preguntó Harry preocupado.
- Aún no. - Contestó Judith con sarcasmo. - El truco está en comer y beber a la vez.
- Cariño, me tendrás que enseñar. - Dijo Harry con ironía y la besó.
- Me gustaría que me dejases enseñarles Sevilla. - Comentó Judith risueña.
- No hay ningún problema. - Dijo Harry con una sonrisa. - Ya había pensado en ti para eso.
- Con quien me iba a casar yo, si no era contigo. - Dijo Judith y ambos se rieron.
- ¿A qué hora has quedado con esta gente? - Preguntó Harry.
- A las seis y media. - Contestó Judith.
- Pues llegas tarde. Ya son menos veinticinco. - Dijo Harry mirando el reloj. - Te acompaño a la portada y los saludo que a las siete tengo que estar en el aeropuerto.
- Aún sigo sin entender porqué has estado tantos años sin ponerte en contacto con Ron, Hermione y Ginny si, de verdad, son tan importantes para ti. - Dijo Judith.
- Todavía hay muchas cosas que yo no soy capaz de explicármelas. No creo que me puedas ayudar en esto. - Dijo Harry con resignación.
- Eres tú quien no te dejas. - Repuso Judith algo molesta.
En parte Judith tenía razón, la misma de siempre cuando salía el tema en alguna de sus conversaciones. El único problema que le impedía hablarle abiertamente sobre dicho asunto era que tendría que demostrarle la existencia de un mundo que para ella sólo existía en la literatura pero que aún así le aclararía muchos aspectos sobre el pasado de Harry.
Observó ensimismada la cicatriz en forma de rayo que destacaba en la frente de Harry. Eso fue lo primero que le llamó la atención de su marido cuando le conoció, incluso más que sus penetrantes ojos verdes. Judith desconocía la historia que había tras esa cicatriz tan peculiar y lo qué significaba, sin embargo, siempre que la observaba se sentía atraída por el enigma que la acompañaba.


Sacó el móvil del bolso, cogió la maleta y se alejó. Una voz infantil respondió al otro lado de la línea, la reconoció y le pidió que le pasara con otra persona no sin antes hablar un poco con la primera.
No había podido dejar de mirarla desde que la vio esa mañana entrar en "El Caldero Chorreante". Sabía que no debía pero no pudo evitarlo. Volvía a sentir por Hermione lo mismo que en Hogwarts tantos años había ocultado.
- ¿Qué ahora con Leysana? - Se preguntó a sí mismo.
Habían cogido ya las maletas y se disponían a salir para encontrarse con Harry, sin embargo, vieron a Ginny algo alejada que hablaba por el móvil. Algo ocultaba su amiga, apenas había dicho palabra acerca de su vida después de Hogwarts.
Apenas vieron gente cuando salieron por la puerta de llegadas del aeropuerto de Sevilla. Buscaron a Harry y le vieron en medio del pasillo mirando a todos lados. Le reconocieron por su pelo azabache y su cicatriz en forma de rayo pero ¿qué había pasado con su gafas?
Ron tenía el mismo aspecto que a los diecisiete años, Ginny llevaba el pelo a la altura de los hombros, y Hermione apareció con gafas, el cabello lacio y recogido en una coleta.
- ¡Hola, Harry! - Le saludó Hermione con una sonrisa y un par de besos en la mejilla.
Al saludarle vieron que en su mano derecha lucía una alianza de oro blanco.
- ¿Quién sería la afortunada? - Se preguntaron con la mirada Ron, Hermione y Ginny.
- ¿Qué tal el viaje? - Acertó a preguntar Harry.
- Bien. - Contestó Ginny con un hilo de voz.
- Ha sido como un retorno al último año en Hogwarts. - Comentó Hermione y Harry se estremeció.
- Estoy casado con una chica muggle que no cree en la existencia de un mundo mágico. - Dijo Harry como si hubiese hecho un gran esfuerzo.
No sabía como interpretar las miradas de sus amigos: expresaban sorpresa, incredulidad, enfado... Se había precipitado.
- Ginny, ¿cómo estás? - Preguntó Harry para intentar salir de esa situación tan incómoda en la que se encontraba. - ¿Qué ha sido de tu vida?
Ginny tragó saliva y decidió que había llegado el momento de empezar a revelar más cosas aunque sólo iban a ser unas pinceladas.
- En séptimo te sustituí como buscadora y capitana del equipo de quidditch. Saqué muy buenos resultados en los EXTASIS y durante varios años he sido buscadora de la selección inglesa de quidditch. Vivo en Notting Hill en Londres y en un par de mese me caso en la catedral de San Pablo.
- ¿Qué te casas? - Preguntó Ron con incredulidad. - ¿Cuándo pensabas decírmelo? Soy tu hermano. - Dijo Ron bastante molesto.
- Lo siento pero no sabía como localizarte. Hemos estado mucho tiempo sin saber nada el uno del otro. - Se disculpó Ginny que en ese momento se sentía muy culpable.
- No te preocupes, Ginny. Te perdono. - Dijo Ron al ver lo mal que lo estaba pasando su hermana.
- Estáis todos invitados. - Dijo Ginny y así se sintió más aliviada.
- ¿Y quién es el novio? - Preguntó Hermione con curiosidad.
- Se llama Alejandro. - Contestó Ginny que no quiso dar más datos acerca de su prometido."

Elena Velarde
Febrero 2006 (corregido en octubre de 2010)

26 nov. 2012

Capítulo 2. "Momentos previos a la boda" ("Pinceladas al óleo")

"Corría sin rumbo, en círculos y tenía la sensación de que no avanzaba. Todo estaba oscuro, no sabía con exactitud lo que la hacía correr y cada vez parecía menos probable que pudiese llegar a la iglesia y dar el "sí, quiero". Esta huida a ningún lugar había sido el último de los obstáculos a los que se había enfrentado en las últimas horas. No podía refugiarse en ningún sitio y su vestido, en el que había invertido el sueldo de tres meses, estaba destrozado.
Angustiada, se despertó. Otra vez era el mismo sueño que se repetía todas las noches y del que nunca sabía el desenlace pero esta noche fue peor. Todas las mañanas pensaba lo mismo: esos sueños mostraban sus más profundos miedos e inseguridades. No quería que todo lo que había soñado, se repitiese ese día, el de su boda.
Judith se enfrentaba al que iba a ser el día más importante de su vida hasta el nacimiento de sus hijos pero aún no estaba segura de si quería ser madre. Sobre el sofá estaba ese vestido de novia con el que siempre había soñado.
Por fin había encontrado a la persona con quien quería compartir su vida. Era una persona especial y muy misteriosa. Se habían aportado muchas cosas mutuamente, sobre todo, Judith a Harry quien viajaba sin rumbo como si sintiese terror a establecerse en un determinado lugar.
Sevilla era de los pocos lugares que aún no conocía después de cuatro años y medio viajando alrededor del mundo. Sólo pensaba quedarse una semana y ya era demasiado tiempo para visitar una ciudad pero sus planes se desbarataron cuando entró en la Catedral y la vio. Era una de las guías turísticas que estaba de prácticas mientras terminaba sus estudios en Historia y de las pocas que cogía grupos tanto de hispanohablantes como de anglófonos e, incluso de italianos. En ese momento Judith apenas se fijó en Harry, estaba trabajando y él era un turista más del grupo que le habían asignado.
Ese día se iban a casar en el mismo lugar donde se conocieron y que fue testigo de los primeros pasos de su relación. El banquete también se iba a celebrar en un lugar muy especial para ambos, el mismo restaurante en el que cenaron en su primera cita.
Le extrañaba que Harry no hubiese invitado a su ex ni a sus dos mejores amigos cuando no había día que no les hablase de ellos o de las experiencias que vivieron en sus años de internado. Estaba segura de que algo había pasado porque Harry no sabía nada de ellos desde los "A Levels" y Judith creía que Harry se encontraba en una situación parecida a la suya con respecto a una parte de su pasado.
Cómo echaba de menos a sus padres en ese día tan especial y el papel de Lily Evans de llevar al altar a su hijo iba a ser ocupado por Molly Weasley, que era como una segunda madre para Harry. En la boda estaría toda la familia, salvo Ron y Ginny, a quienes no había invitado. Tampoco le mandó la invitación a Hermione Granger, su mejor amiga en Hogwarts. Había estado diez años alejado de la magia y ahora se iba a casar con una joven muggle para quien el mundo mágico sólo existía dentro de la literatura.
- Harry, date prisa. A este paso, la que va a estar esperando en el altar, va a ser la novia. - Le espetó Molly.
- Recordar que no podéis usar magia ni hablar acerca de ella. - Dijo Harry por enésima vez mientras se hacía el nudo de la corbata.
- ¿Por qué no han venido Ron, Hermione y Ginny? - Preguntó Lupin.
- No les envié la invitación y de momento no quiero que le contéis que seguimos manteniendo el contacto ni que es de mi vida. Ya me volveré a poner en contacto con ellos cuando crea conveniente. - Aclaró Harry.
- Sabes que sé guardar muy bien los secretos y que cuando Ginny , me preguntaba por ti durante su séptimo curso le daba largas. - Comentó Lupin.
- Nunca nos imaginamos que Harry Potter se casaría y menos con una muggle que no cree en la magia. - Bromearon Fred y George. - Te deberías casar con nuestra hermanita y, aún así, sólo aceptaríamos a regañadientes.
Todos los presentes rieron ante dicho comentario de los gemelos.
- Menudo par tenéis como maridos. - Le dijo entre carcajadas Harry a Angelina y a Katie Bell. - Pues, Judith está encantada con vosotros. Dice que sois muy divertidos y se lamenta de no haberos conocido antes.
- Nosotros nos compadecemos de ella. - Dijeron sonrientes Fred y George. - La "pobrecita" no sabe elegir marido. - Dijeron con ironía.
- ¡Fred y George, dejad de atosigar a Harry! - Les ordenó Molly. - Harry, acelérate.
- Molly, cariño, tranquilízate. - Le aconsejó Arthur.
- ¿Sabéis a quién me recuerda Judith? - Preguntó Lupin de repente.
- ¿A quién? - Preguntaron todos con interés.
- A Lily y también siento como si en ella se condensasen Ginny y Hermione. - Dijo Lupin con cierta nostalgia.
- Judith siempre está rodeada de libros y papeles. - Dijo Harry con ironía mientras se abrochaba los botones del chaleco.
- Por cierto, a quien nunca me imaginé que iba a estar en tu boda era a Draco Malfoy y, además, como testigo de la novia. No es el mismo de Hogwarts. - Observó Lupin.
- Cambió mucho cuando conoció a Valle y a Judith, quien lo introdujo en su familia como si fuese un hermano más suyo. - Aclaró Harry.
En ese momento Harry recordó cuando se volvió a encontrar con Draco después de más de cuatro años desde que salieron de Hogwarts.


- ¡Dima! - Gritó Valle que levantó el brazo para que Judith y su acompañante se acercasen hasta la mesa donde estaba sentada con su novio.
- ¡Hola! - Saludó Judith cuando llegó. - Siento mucho el retraso.
- No hace falta que te disculpes. Sólo han sido cinco minutos. ¿Éste es el chico del que tanto me has hablado en las últimas semanas? - Preguntó Valle con bastante interés.
- Él es Harry y ellos son Valle y su novio, Draco.
- ¿Draco Malfoy? - Preguntó Harry con incredulidad.
- ¿Harry Potter? - Fue la respuesta que recibieron de Draco.
- ¿Os conocéis? - Preguntó Judith intentando romper el gélido silencio que los embargaba.
- Desde los once años y fuimos enemigos declarados durante los siete años que estuvimos en el internado. - Dijeron Harry y Draco, respectivamente.
- ¿Qué os pongo? - Preguntó el camarero que había llegado en ese momento.
- Dos tintos con blanca, dos cervezas y una ración de solomillo al whisky. - Dijo Judith.
- También nos pone una de croquetas de jamón y otra de pan de la casa de bacalao y salmorejo. - Añadió Valle.
- ¿Algo más? - Preguntó el camarero.
- De momento no. Muchas gracias. - Contestó Draco.
- Hace tiempo que no te vemos por la facultad. - Le comentó Valle a Judith.
- Y casi no paras en casa. - Añadió Draco. - Empezamos a dudar de que vivas en ella. - Comentó con una sonrisa.
- Es que he estado muy ocupada entre el trabajo, las clases... - Dijo Judith casi sin aire.
- No sé como sacas tiempo para tantas cosas si nunca has sabido organizarte. - Comentó Draco con ironía.
- ¿Sigues con las prácticas? - Preguntó Valle.
- De momento sí. Harry viene mucho a verme a la Catedral.
- Si no hubiese sido por Judith, no me hubiese quedado en Sevilla, sólo estaba de paso. Comentó Harry. - Es una magnífica guía y me está ayudando mucho con el español.
- ¿Y qué tal los exámenes? - Le preguntó Draco a Judith.
- Los resultados han sido bastante buenos. ¿Y a vosotros? - Preguntó Judith con interés.
- Igual que siempre, buenos resultados. - Dijeron Draco y Valle, respectivamente.
- Nunca creí que te iba a encontrar en Sevilla. - Le dijo Harry a Draco.
- Pues vivo en Sevilla desde los dieciocho años, estoy en quinto de Derecho y llevo cuatro años de relación con Valle. Además, dejé de ser un Malfoy a los pocos meses de abandonar Inglaterra para ser un miembro más de la familia Yorkshire Quesada. - Informó Draco.
- Te veo muy cambiado aunque en séptimo ya no eras el mismo. - Comentó Harry.
- Ése fue el curso en el que mi peor enemiga se convirtió en una persona muy especial, sin embargo, Ron, tú y yo no nos podíamos ni ver. - Aclaró Draco.
- ¿Qué sabes de Hermione? - Preguntó Harry.
- Dejó a Ron por un chico argentino y ahora vive en Buenos Aires. No sé nada más. - Dijo Draco con tristeza.
- Pues ya sabes más que yo. - Añadió Harry. - ¿Sigue manteniendo el contacto con ella?
- Ya no. - Contestó Draco con pesar. - Desde que vino con Leonardo a Sevilla durante su luna de miel no he vuelto a saber nada de ella.
- ¿Vosotras conocéis a Hermione? - Preguntó Harry.
Valle y Judith asintieron con la cabeza."

Elena Velarde 
Enero - Febrero 2006 (corregido en octubre de 2010)

23 nov. 2012

Guapa


A mis amigas del colegio.

Sábado. 5 de la tarde. Acababa de dar por finalizada su jornada laboral y como cada tarde de sábado se fue de compras al centro. Salió de Intimissimi con un par de bolsas y con la esperanza de que ese fin de semana el conjunto de ropa interior que acababa de comprar no se lo despojase uno de sus compañeros de piso, el mismo con el que acababa en la cama todos los fines de semana tras una noche de juerga.
Nunca pensó que con el paso de los años acabaría compartiendo piso con cuatros amigos de la Erasmus en la misma ciudad donde se habían conocido. Los cinco ya habían dejado atrás su etapa universitaria y hacía ya algo más de un año que el trabajo los había vuelto a reunir en la capital andaluza en unas condiciones que nos les permitían a ninguno de ellos alquilarse, y menos aún comprarse, un piso para ellos solos. Había sido ahora cuando la amistad de Amanda con sus compañeros de piso había surgido, a pesar de que siempre mantuvo el contacto con ellos a través del Facebook y del Tuenti en aquellos años en los que cada uno de ellos estuvo en sus respectivas ciudades.
Salió de la ducha y se envolvió en la toalla. El pelo le chorreaba, se lo peinó y cogió el secador. Cuando ya estaba totalmente seco, se fue a su habitación a buscar la plancha y allí delante del espejo se lo alisó mientras escuchaba las canciones de Guapa.
Paolo vio, a través de la puerta entreabierta, como Amanda, en minifalda y sujetador, se maquillaba. Al terminar guardó la sombra de ojos en el neceser que tenía encima del escritorio junto al portátil y cogió primero el rímel, después el colorete y, por último, el pintalabios.
Se acababa de poner la camiseta cuando escuchó el sonido de llamada del Skype. Cogió el portátil del escritorio, se tumbó en la cama y se puso el ordenador sobre sus muslos. Subió el volumen y contestó. Era una amiga del colegio que la llamaba para informarle de que ya sabía el día que se iba a casar y para que Amanda le confirmase si iría o no acompañada a la boda. La respuesta fue un casi inaudible “sí” acompañado de una tímida sonrisa y de la mirada de una enamorada.
Ir juntos a esa boda sería admitir que su relación era mucho más seria que la que tenían dos compañeros de piso que se acostaban juntos las noches de los sábados. Amanda y Paolo justificaban dicho hecho con el estrés laboral acumulado durante la semana y con la ingesta de alcohol. Sin embargo, tanto sus compañeros de piso como sus amigos de Génova y Trieste, respectivamente, sabían que lo que entre ellos había iba mucho más allá de una amistad donde había sexo sin sentimientos, según las palabras insistentes de Paolo y Amanda. Nadie se olvidaba de la complicidad que siempre existió entre los dos desde el momento en que se conocieron y del flirteo que había habido entre ambos durante la Erasmus y también después por Internet.
Cogió el bolso de Bimba y Lola que estaba colgado del perchero mientras escuchaba 20 de enero de La Oreja de Van Gogh. Guardó en su interior la cámara de fotos, el monedero, las llaves y la Blackberry. Por último, se puso los peep-toes azules que se había comprado unos días antes en Mango.
La noche empezaba en el Postura y seguiría en alguna discoteca del centro o de la calle Betis. Esa noche tanto Amanda como Paolo sólo esperaban acabar en la cama con algún desconocido. Sin embargo, con el baile y los cubatas de Brugal se volvió a repetir la misma historia de todos los sábados con la misma consecuencia de un ya cotidiano despertar de domingo.
Todo empezó una noche de principios de verano en la terraza del Alfonso y tras haber bebido unas capirinhas. Se encontraban bailando en medio de la pista cuando acortaron tanto las distancias entre los dos que sus labios se rozaron y en lugar de alejarse, profundizaron el beso. Apenas unos diez minutos después estaban camino del piso y a punto de dar un paso tan decisivo en su relación de amistad que ya nada volvería a ser lo mismo entre los dos.
Domingo. 10 y media de la mañana. Se despertó y se miró. Desnuda y sola. Estaba en su cama y la ropa tirada por el suelo. Sonreía como una tonta enamorada.
Se duchó y se hizo una cola de caballo. Se vistió con unos vaqueros y una camisa de cuadros de Abercrombie and Fitch.  Recogió la ropa y se dirigió a la cocina donde la esperaban Paolo y el desayuno. Se dejó seducir por la mezcla del olor de café recién hecho con el del pan recién tostado.
Paolo la recibió con un beso de buenos días y con una sonrisa que fue correspondida. Desayunaron café con leche, un par de tostadas con mermelada de fresa y un zumo de naranja recién exprimido que ambos agradecían en una fría mañana de invierno.
Empezaban así otro domingo más, igual a los anteriores. Era el único día de la semana que se reservaban para los dos y para disfrutar el uno del otro. Se comportaban como una pareja aunque ellos negaban que lo fuesen. No querían reconocer que disfrutaban haciendo cosas juntos y que sus pensamientos estaban monopolizados por esa otra persona. Habían estado tantos años deseando superar la frontera de la distancia y anhelando que sus labios al menos se rozasen, que ahora que lo habían logrado negaban todo lo que en su día se reconocieron a sí mismos que sentían.
Sus domingos se resumían en dar un paseo durante el cual compraban castañas asadas, en comer en los 100 Montaditos, tomarse un cappuccino en el Café de Indias y merendar un chocolate con churros en la calle San Eloy."

Elena Velarde
27 - 30 septiembre 2011 

21 nov. 2012

Experiencias literarias



A Mª Ángeles Guerrero por transmitirme
su pasión por la historia y la literatura
cuando yo tan sólo era una niña.



"Estoy escribiendo este ensayo en un apartamento a pie de playa mirando el horizonte y escuchando las olas al romper. Esto siempre me ha inspirado y siempre he disfrutado creando personajes e imaginando historias observando el mar.
Me gusta leer, sobre todo, en la cama, en la playa y en el sofá. Otros sitios donde también se puede hacer y abstraerse es en el coche, el autobús, el metro, el tren, el avión, el aeropuerto e, incluso, en la biblioteca. Soy de esas personas que estudian mejor en una biblioteca que en su casa. Cuando tengo que estudiar, me consuelo al observar a otros que están en mi misma situación. Me queda un solo curso para licenciarme en Historia pero me encantaría poder estudiar Literatura.
Hace unos días se estrenó la sexta película de Harry Potter. Supongo que la veré pero ya me resulta bastante cansina dicha historia. Seguramente algún día lea el séptimo libro pero me decepcionó mucho que cuando se publicó en inglés hace un par de años la literatura se convirtiese entonces en sinónimo de markéting.
Cuando leo una novela, tiendo a leerme por encima algunas páginas posteriores e, incluso, el final. A veces me leo sólo determinados fragmentos de una novela que después me leeré o que ya me haya leído con anterioridad. A pesar de hacer esto, disfruto leyendo esas novelas aunque me adelante en mis lecturas y haya pasajes que me lea dos o más veces. Cuando leo me fijo en si hay o no erratas, si están bien escritas y/o traducidas, el estilo y en mil detalles más porque así se aprende tanto a leer como también a escribir.
Cuando he de elegir un nombre para un personaje hago tres listas: una de nombres masculinos, otra de nombres femeninos y una última de apellidos aunque añado una cuarta de patronímicos si se trata de nombres rusos. Suelo buscar los nombres en Internet, revistas, libros, periódicos, apuntes de clase e, incluso, hasta en la agenda del móvil. Hago listas para nombres españoles, vascos, italianos, rusos, suecos, ingleses, etcétera, ya que depende de donde sean los personajes. De estas listas escojo los nombres completos de los personajes, las acabo rompiendo y después de un tiempo las rehago. En el siguiente párrafo pondré ejemplos de nombres de personajes.
Nombres y apellidos españoles que he usado son Pablo Cid de Maria, Mariana Quesada, Sandra Mendoza Coronel y Paloma Vasco Gallego. Entre los vascos estarían Edurne Ibarguren, Iraide Zabalegi, Maider Aritztondo Isturitz y Gorka Goikoetxea. De nombres rusos destacaría Iván Kuptsov, Aliena Vitrichenko, Leysana Timoshenko, Irina Sitnikova, Vera Nekrasova y Vladimir Ulianov. Nombres ingleses serían Ashley Knightley y Emily Tudor.
Los lugares donde se ambientan las novelas también son importantes. Mi primera novela centra su acción principalmente en Punta del Este (Uruguay) e Igarka, que es una ciudad que se encuentra en el norte de Siberia y que encontré mirando con detenimiento un mapa de Rusia que vi en un atlas. La acción de la segunda se desarrolla entre Sevilla y Londres y la tercera de momento sólo en la Costa Cantábrica en general y en particular en Llanes, Bustio y Bilbao. La primera de estas localizaciones es una villa medieval del oriente de Asturias, la segunda es un pequeño pueblo pesquero de Asturias en el límite con Cantabria y la tercera es la capital industrial del País Vasco.
La mayoría de las personas que son sólo lectoras suelen pensar que las novelas se escriben con bastante facilidad y que son sólo fruto de la inspiración pero cuando además de leerlas la escribes, la perspectiva cambia y valoras todo el trabajo que hay detrás de una novela. No es fácil crear una historia que sea original, creíble y atractiva en todos sus aspectos y esto suele traer más sinsabores que alegrías. Entre los primeros está el miedo a la página en blanco, las continuas dudas de si merece la pena lo que se escribe, los bloqueos, el que te surja una idea pero no haya forma de contarla… Son pocas las satisfacciones pero son tan gratificantes que superan con creces todo lo anterior y hacen que merezca la pena afrontar la escritura de una novela.
Aunque no se escriba con bolígrafo o en el ordenador, se  es escritor siempre. Nunca hay que dejar de observar, escuchar y reflexionar aunque en apariencia eso no lleve a ningún lado. También es importante viajar y conocer otras culturas que te ayuden a abrir tu mente. Hay que acumular experiencias y reflexionar sobre aquellas que son ajenas a nosotros porque todo esto nos dará argumentos que después podremos reflejar sobre el papel.
Soy una persona que me exijo mucho, que tengo mucho afán de superación y que busco la perfección en todo lo que hago pero soy muy insegura y tiendo a minusvalorarme. Digo esto porque me cuesta mucho creer que yo escribo tan bien como me han comentado más de una vez. Quien me ha leído dice que transmito mucho a través de las palabras escritas pero en mi vida diaria casi nunca muestro mi sensibilidad, que es bastante alta, porque no me gusta que los demás vean que también soy frágil.
Después del parón del Año Erasmus, recupero la escritura de este ensayo siendo ya licenciada aunque aún no oficialmente. Esto no significa que en estos meses haya abandonado a mi yo escritor, sino todo lo contrario, a pesar de que casi no he escrito, ya que me he dedicado a documentarme con ayuda de Internet. Si sabes lo que buscas, Internet y la Wikipedia se pueden convertir en tus aliados sin olvidar lo que te puede aportar la literatura, el día a día, etcétera.
Una de las primeras cosas en la que maduré y cambié en los primeros meses de la Erasmus fue en mi forma de ver y de comprender el proceso de escritura de una novela haciendo un importante trabajo de documentación e investigación antes de escribirla, en el que aún sigo inmersa, algo que no he hecho nunca, y que está significando un gran reto. Algo fundamental de este trabajo previo son las Fichas de personajes de una novela, en las que empecé a pensar hace un año en Peñalosa tras ver fichas de carácter arqueológico y cuya idea ocupó mis pensamientos hasta que éstos fueron monopolizados por unos expresivos y penetrantes ojos verdes, pero que tomó forma casi definitiva en Noviembre cuando hice una ficha estándar en el Word que uso para copiar y crear así documentos de cada uno de los personajes de la novela correspondiente.
Escucho las canciones cantadas en italiano por Laura Pausini en Primavera in anticipo, un regalo que me hice en Padua al mes de empezar la Erasmus tras la visita que me hicieron mis padres y mis hermanas. Sus letras me traen recuerdos entrañables como subir la persiana a las cinco de la tarde y ver que era noche cerrada, cenar a las ocho y darme cuenta de que de alguna manera había desperdiciado el día, que pasasen los días y no viese el sol, el ser de las pocas personas que empezó a salir menos y que decidió estudiar antes de Navidad, etcétera. También fue entonces cuando me sorprendí a mí misma con una forma de entender, sentir y vivir  mi faceta escritora más madura y adulta como cuando buscaba información sobre nombres propios en las Wikipedias en español, italiano e inglés, e hice la ya mencionada Ficha de personaje de una novela; cuando empecé a recuperar sueños e ideas de cuando yo era adolescente y que, por un lado, de alguna forma había abandonado pero que, por otro lado, con los años habían madurado haciendo que no me olvidase de ellas. 
Hacía mucho tiempo que una novela no me emocionaba de verdad hasta hace un par de semanas cuando en el viaje de Asturias a Sevilla me leí gran parte de En vísperas de Iván Turgueniev. Fue otra novela de este autor titulada Primer amor mi primera aproximación a la literatura rusa pero cuando la leí con trece años me gustó más bien poco. Ha tenido que pasar una década para que me volviese a acercar a Turgueniev pero esta vez me ha encantado la obra que he leído y la historia de amor de Yelena e Insarov es una de las que más me ha llenado.
Ayer (13 de septiembre) por la tarde tirada en el sofá me terminé de leer el séptimo libro de Harry Potter que me compré hace justo una semana (7 de septiembre) al verlo en la Casa del Libro. Sé que lo que a continuación escribiré en este ensayo contradice lo que habéis leído más arriba al inicio de éste. También sé que lo podía haber tachado pero no lo he hecho porque era así como pensaba el 18 de Julio del año pasado – que fue cuando escribí ese párrafo – y todavía pienso que el markéting en la literatura no es bueno. También sé lo que escribí en la última frase del ensayo Harry Potter visto por una veinteañera y debo decir que ahora pienso al revés, es decir, que considero mejor escritora a J. K. Rowling que a J. R. R. Tolkien.
Ya no pensaba ni comprarme ni leer Harry Potter y las reliquias de la muerte hasta que a principios de este mes de Septiembre me releí mis fragmentos favoritos del sexto libro de Harry Potter y tras haberme leído en Agosto Noviazgo y matrimonio de Anthony Trollope, cuyo estilo me gustó por su agilidad, por sus concisas descripciones y su forma de contar historias de amor. Tanto con En vísperas como con el séptimo libro de Harry Potter ha sido la primera vez que no me he adelantado en mis lecturas, sino que he preferido que ellas mismas me sorprendiesen  me sedujesen con cada frase escrita.
A medida que avanzaba en mi lectura de Harry Potter y las reliquias de la muerte admiraba más a J. K. Rowling aunque también debo decir que admiro mucho también a la traductora de Harry Potter de la editorial Salamandra, quien ha hecho un gran trabajo desde mi punto de vista. Admiro a Rowling como nunca pensé que iba a hacerlo y lo hago después de llevar meses documentándome e intentando escribir esa novela con la que llevo soñando más de una década pero me da la sensación de que avanzo muy lento. Ahora valoro mucho como Rowling ha logrado escribir una novela de más de tres mil páginas dividida en siete tomos a lo largo de diecisiete años y que ésta se hubiese convertido en el fenómeno literario más importante del cambio de milenio, sobre todo, a partir del cuarto libro. No ha debido ser fácil escribir su historia sobre Harry Potter de los tres últimos libros – y sobre todo del séptimo – sin verse afectada por los fanfictions y los rumores sobre los que sus lectores debatían en los foros que encontramos en Internet. Por último, ¿cómo iba a sospechar Rowling que gracias a aquella idea que tuvo en un viaje en tren de Manchester a Londres hace ya veinte años y que escribió a manos en diferentes cafeterías de Edimburgo se convertiría en una de las sagas más importantes de la literatura fantástica y que gracias a los siete libros que la componen muchos niños y adolescentes conocieron el placer por la lectura aunque otros lo hayan hecho con la saga de Crepúsculo de Stephenie Meyer como, por ejemplo, mi hermana pequeña, que tiene ya quince años?
Rowling ha declarado que su libro favorito de Harry Potter es el último y para mí ha sido igual, seguido por el sexto, haciendo de éstos mis dos libros favoritos de toda la saga. Son dos libros con una importante carga de sentimientos y emociones donde los primeros amores y la amistad juegan un papel muy importante. Lo más interesante del séptimo para mí es el viaje por la isla de Gran Bretaña de los tres protagonistas (Harry, Ron y Hermione) – haciendo que Hogwarts sólo aparezca en los últimos capítulos – que significa una importante prueba para su amistad y para sí mismos y donde se ve una gran madurez tanto en el propio estilo de la escritora – sin olvidarnos de la traductora para quien lo hayamos leído en español – y del trío protagonista. Digo trío porque tan protagonista es Harry Potter como lo son sus dos íntimos amigos: Ron Weasley y Hermione Granger, quienes en el séptimo libro son dos piezas clave aunque los siete libros estén narrados desde el punto de vista de Harry, lo que tiene su mérito.
Es verdad que antes de leer Harry Potter y las reliquias de la muerte ya tenía información sobre la trama pero eran meros datos que no le han restado interés a la lectura aunque por suerte no he leído nada acerca de la película, que se estrenará en unos meses hasta que no he terminado el libro. Es un error pensar que no vamos a disfrutar de un libro por tener información acerca de éste y de su final porque entonces rechazaríamos leer aquellos clásicos que hemos estudiado en el colegio, de los que hayan hecho versiones cinematográficas o televisivas que ya hayamos visto… como pueden ser Cumbres Borrascosas, Madame Bovary, Anna Karenina o El Señor de los Anillos ni me habría podido leer La hija del capitán de Pushkin dos veces. He disfrutado del séptimo libro de Harry Potter por el gran número de giros de la trama que desconocía y que me han sorprendido; por los detalles que tan importantes son en la literatura pero también en la vida; por el crecimiento psicológico de los protagonistas y por aquellos retos que le han puesto a prueba a cada uno de ellos pero también a su amistad e, incluso, al amor entre Ron y Hermione; por ser una de las pocas donde la amistad tiene suma importancia convirtiéndose en uno de los ejes del libro; por no centrarse en Hogwarts y mostrar a través de descripciones los diferentes paisajes que podemos encontrar en Gran Bretaña siendo la mejor la que mencionaba olas, mar, acantilados…; porque narra un viaje que es un reflejo de superación y madurez; y por muchas más cosas. Quizás lo que no me ha gustado mucho ha sido el epílogo de la saga, que  según tengo entendido escribió Rowling hace veinte años, seguramente porque me lo esperaba diferente, ya que la mayoría de los fanfictions que he leído relataban el último año o la vida ya fuera de Hogwarts que escribieron fans de Harry Potter y que colgaron en Internet, pero es el final que ha decidido la autora y que ella más apropiado ve para poner punto y final a su novela.
¿Quién me iba a decir a mí que volvería a disfrutar leyendo Harry Potter y fanfictions de dicha saga después de tres o más años? ¿Quién se atrevería a decirme cuando empecé tercero de Historia que al licenciarme volvería a estar frente la pantalla del ordenador leyendo fanfictions en Internet y no buscando información sobre asuntos muy diversos que nada tienen que ver con Harry Potter? Hace cinco o seis años descubrí Fanautores y en esa página leí mis primeros fanfictions, que ahora quizás me aburrirían, pero hará ya más de tres años que dejó de existir siendo suplantada por la página actualmente conocida como Potterfics donde leí el Dramione titulado Cicatrices aunque pronto me olvidé de ella. Hace unos días la redescubrí y ya he leído algunos fanfictions y he descubierto que es una web madura donde se fomenta la escritura creativa y se persigue el plagio teniendo que mencionar a qué autor/a pertenecen los personajes, los lugares, las ideas… que se pueden coger prestados para escribir un fanfiction, que aún así ha de ser una historia original, algo difícil pero que cada escritor logra gracias a su propio estilo, sus experiencias y la visión personal que tenga de la vida.
En más de un libro para aprendices de escritores, en más de un artículo escrito por un escritor consagrado, etcétera recomiendan que hay que leer de todo tanto literatura mala como buena. La mala te enseñará que errores no has de cometer y la buena te ayudará a mejorar. También te recomiendan leer a clásicos, a escritores contemporáneos consagrados, a aquellos menos conocidos, a noveles y a los aficionados porque de todos puedes aprender y mucho. Vivimos una época donde la literatura ya no sólo la puedes encontrar en bibliotecas y librerías, sino también en Internet. En mi reencuentro con los fanfictions he leído historias mal escritas pero también he leído otras que me han sorprendido de lo bien escritas que están, de lo mucho que pueden llegar a emocionarme y que superan a aquellas que consideraba bien escritas y que tanto me gustaron leer hace cuatro o cinco años en Fanautores. No me avergüenzo al reconocer que leo fanfictions porque algunos de ellos – los que más me están gustando y llenando – me están dando ideas para la novela que tengo en mente que aparentemente poco tiene que ver con Harry Potter.
Si uno de los objetivos de los escritores es escribir sobre el mundo que les rodea y la época en la que viven, los del siglo XXI si quieren ser fieles a su día a día no pueden negar las nuevas tecnologías en sus novelas. Éstas ganarán en matices al mencionar en sus páginas las redes sociales (Tuenti, Facebook, Twitter...), los e-mails, los móviles, Youtube o Cinetube, los foros, los blogs, el Messenger, los chats, la TDT, etcétera y, además, se acercarán al lector actual. Hay historiadores que dicen que desde los años ochenta pero, sobre todo, a partir del 2000 estamos viviendo la que sería la III Revolución Industrial o Revolución Tecnológica y que en diez años gracias a los avances de la informática, la telefonía e Internet ha cambiado mucho más profundamente a la sociedad – aunque aún no seamos conscientes de todo esto – que las anteriores revoluciones que ha vivido la humanidad.
Conozco pocos libros que no estén dedicados a una persona, un lugar, etcétera. A día de hoy sólo he escrito dos dedicatorias: la de este ensayo a una profesora mía de literatura de cuando yo estaba en el colegio y que fue un gran apoyo cuando di mis primeros pasos en el terreno de la escritura, y la de mi tercera novela a mi mejor amigo. 
Nací el mismo día – un 19 de enero – que el escritor estadounidense Edgar Allan Poe. Hice un pequeño trabajo sobre él cuando estaba en segundo de Bachillerato y leí algunos de sus cuentos de terror, que he de reconocer que me gustaron. Juan Manuel de Prada en un artículo titulado Poe y publicado en XLSemanal el 1 de febrero de 2009 dice que Poe fue un escritor que refundó la literatura, sobre todo, la fantástica y también la terrorífica. Recuerdo que mi primer acercamiento a Poe fue a través de su poema Annabel Lee – que seguramente disfrutaré si lo vuelvo a leer – que servía para contar una historia de amor, que era el contexto de un reportaje de moda de un número de Ragazza, aunque no recuerdo la estación que reflejaba, de principios de siglo.
Hace un par de años más o menos descubrí el placer de ir a una librería – ya sea la Casa del Libro en Velázquez o Beta en el antiguo Teatro Imperial en la calle Sierpes – y dejar pasar el tiempo estando concentrada mirando los títulos, los precios, las portadas y leyendo las contraportadas de los libros de bolsillo. Éstos en los últimos años se han convertido en un fenómeno literario debido al ahorro que suponen respecto al formato tradicional y a la comodidad que conlleva su pequeño tamaño. Cada vez que voy a la librería, acabo comprando uno, dos, tres o más libros de bolsillo y que hasta ahora han sido todos clásicos de la literatura rusa del XIX con alguna excepción del XX. Su letra es más pequeña y casi no hay separación entre las líneas pero tienen la ventaja de poder guardarlos en un bolso que no sea demasiado grande y que pesan más bien poco pudiendo leerlos en cualquier parte."

Elena Velarde
18 julio 2009 - 27 noviembre 2010

19 nov. 2012

"Scusa ma ti voglio sposare" - "Perdona pero quiero casarme contigo" (Federico Moccia)

(Leído entre septiembre y noviembre de 2012)
Portada italiana que en el mes de julio de 2010 publicó la editorial BUR Big, que en Sevilla se puede encontrar en la librería Vértice de la calle San Fernando por 15 euros y en el Fnac por 16 euros y pico. (Fuente: Elaboración propia).
Hoy le toca el turno a la reseña de la segunda parte de Scusa ma ti chiamo amore – Perdona si te llamo amor (http://pinceladasdeliteratura.blogspot.it/2012/09/scusa-ma-ti-chiamo-amore-perdona-si-te.html). Esta segunda parte me ha gustado bastante menos que la primera y eso que el comienzo de Scusa ma ti voglio sposare – Perdona pero quiero casarme contigo es bastante atractivo con referencias al mar, las olas, el surf, la arena de una playa cualquiera, etcétera.
La historia está escrita en presente aunque con muchos flashbacks donde se resume (demasiado para mi gusto) la historia de amor de Niki y Alex que Federico Moccia cuenta en la primera parte. Esta segunda parte empieza dos años después del final de la primera. El estilo de Moccia en este libro también se caracteriza por el lenguaje coloquial de los italianos con mucha presencia de anglicismos.
Al igual que en el resto de sus novelas, aquí también se nota mucho el estilo cinematográfico tan característico de Federico Moccia. Los capítulos suelen ser cortos aunque de extensión variable y parecen escenas de una película. Los diálogos no tienen los característicos guiones, están entrecomillados y a veces es bastante difícil saber quien está hablando porque Moccia con frecuencia suele omitir las referencias al respecto.
El final se resuelve con muchísima rapidez y el desenlace se escribe con pinceladas que apenas profundizan más allá de una primera capa de maquillaje. La frase que da título al libro lo encontramos varias veces a lo largo de sus páginas siendo la primera de ellas la manera que elige Alex para proponerle matrimonio a Niki durante un viaje sorpresa a Nueva York tras viajar ambos en primera clase. Esta vez me ha acabado molestando bastante tanta presencia de marcas comerciales (alguna de ellas desconocidas para mí) como los outlets, de letras de canciones, de películas y de las típicas citas de personajes históricos, a los cuales se cita. Además, en la novela también se menciona el título italiano de Los hombres que no amaban a las mujeres de Stieg Larsson, el Skype y las redes sociales como Facebook.
En esta segunda parte se habla un poco del sistema universitario italiano, el cual yo conocí cuando estuve de Erasmus en Padua en el curso 2009 – 2010, y cuya lectura me ha hecho sonreír. La Universidad italiana es exigente y competitiva, le da mucha más importancia a los libros que a los apuntes de clase, los estudiantes universitarios casi no usan folios y en su lugar usan un determinado tipo de cuaderno bastante incómodo a la hora de escribir, en Italia el alumno se inscribe directamente al examen de la asignatura que le interesa y tiene hasta 6 oportunidades en un mismo año para aprobarla, en Italia durante la carrera hay que hacer obligatoriamente prácticas de empresa que en la novela queda reflejado en las prácticas que hace Olly en una empresa de moda, etcétera.
Perdona si te llamo amor y Perdona pero quiero casarme contigo te hacen reflexionar acerca del amor familiar, el amor de pareja, los embarazos no deseados, el matrimonio, el divorcio, la paternidad en solitario, la amistad, las familias políticas, las relaciones laborales, los celos, las infidelidades y el maltrato a las mujeres. En el segundo de ellos se describen los preparativos nupciales que lleva a cabo Niki con ayuda de su madre y las hermanas de Alex, quien se desentiende bastante de la boda echando muchas horas en el trabajo de las que debería. Debido a esto también se resiente bastante la amistad de Niki con Olly, Diletta y Erica.
Cartel italiano de Scusa ma ti voglio sposare – Perdona si quiero casarme contigo, que se estrenó en Italia en el año 2010, dirigida por Federico Moccia y protagonizada por los actores italianos Raoul Bova (Roma, 1971) como Alessandro Belli (Alex) y Michela Quattrociocche (Roma, 1988) que interpreta a Nicoletta Cavalli (Niki). (Fuente: Internet).

Valoración “Scusa ma ti voglio sposare” (Federico Moccia):
5,25/10

14 nov. 2012

Capítulo 1: "Reencuentro en El Caldero Chorreante" ("Pinceladas al óleo")


Harry derrotó a Voldemort y se fue de Inglaterra abandonando todo. Hermione pocos meses después se fue a vivir a Buenos Aires dejando en Londres a Ron con quien rompió la relación que mantenían y haciendo que este último aceptase el trabajo que su hermano Charlie le ofrecía en Rumanía. Ginny volvió a Hogwarts y fue capitana del equipo de quidditch de Gryffiindor. Draco dejó atrás su pasado como mortífago y empezó una nueva vida como muggle en Sevilla.
Han pasado diez años desde entonces. Harry se acaba de casar con una joven muggle de Sevilla que se llama Judith que no cree en la magia y es gran amigo de Draco que se casó hace un año y medio con una de las mejores amigas de Judith. Hermione, Ron y Ginny se reencuentran en el "El Caldero Chorreante" antes de viajar a Sevilla tras recibir una carta de Harry invitándolos a su casa. Hermione hace poco que se ha divorciado y ha decidido volver a vivir en Inglaterra; Ron convive con una mujer en Kiev pero aún ama a Hermione; y Ginny está a punto de casarse con el padre de su hija. (http://www.potterfics.com/historias/61609)

Capítulo 1. "Reencuentro en El Caldero Chorreante"

"Allí sentados en una mesa la esperaban. Sólo faltaba Harry quien había sido el que había organizado ese encuentro tras diez años sin dar noticias ni haber escrito a ninguno de los tres. Nadie había vuelto a saber nada de él y hacía pocas semanas que habían recibido su invitación a pasar unos días en su casa de Sevilla pero con la extraña advertencia de que debían olvidarse de todo lo relacionado con la magia.
- ¿Por qué Harry vivirá en Sevilla? - Pensaron Hermione, Ron y Ginny al leer la carta.
Tras la despedida en "King's Cross" al finalizar su séptimo año en Hogwarts cada uno de ellos tomó distintos caminos y poco a poco se fueron distanciando.
- ¡Hola! - Saludó Hermione y se sentó en la silla que aún estaba vacía. - ¿Qué es de vuestra vida?
Ninguno contestó. Los dos se habían quedado mirándola.
- ¿Desde cuándo usaba Hermione gafas? - Pensaron Ron y Ginny.
- Yo me quedé en Londres y he sido buscadora del equipo de quidditch. - Comentó Ginny con aire resuelto al ver que nadie hablaba. - Y tú, Hermione, ¿dónde has estado todo este tiempo?
- En Buenos Aires estudiando Literatura y después dando clases de investigación literaria en la Universidad.
Sólo quedaba Ron por hablar pero Hermione no se atrevía a preguntarle. Si le miraba aunque sólo fuese de reojo, se ruborizaba. Esta vez cuando volviese a Argentina no habría nadie esperándola y si quería, podía alargar su estancia en Europa. Le había echado de menos, igual que a Harry, pero con Ron en los últimos años hubo algo más que amistad y ahora después de tanto tiempo se había vuelto tímida.
- Pues yo... he estado trabajando con dragones en Rumanía, ocupando el puesto de mi hermano Charlie y en compañía de Viktor Krum, que se incorporó cuando abandonó el quidditch. - Dijo Ron con voz decidida y sin dejar de mirar a Hermione. - ¿Alguien sabe algo de Harry? - Preguntó Ron.
Hermione y Ginny negaron con la cabeza.
- Ron y Hermione, me gustaría que me aclararais una cosa, ¿por qué rompisteis en vuestro mejor momento? - Preguntó Ginny.
- Todo se tambaleó cuando yo me fui a Buenos Aires. Abandoné la magia y me centré en la vida muggle. Tenía que aprender un nuevo idioma y adaptarme a un nuevo país donde el orden de las estaciones es distinto al que estaba acostumbrada en Inglaterra y cuyas costumbres también variaban de las británicas. Pronto encontré a un grupo de universitarios que alquilaban una habitación y así fue como empecé a hacer amistad con ellos, sobre todo, con uno de los chicos. Sabían que yo tenía novio en Londres pero eran conscientes de que esa relación se estaba yendo a la deriva a pesar de que estuviese atravesando su mejor momento. - Explicó Hermione.
- Estuve varios meses sin saber nada de ella. Aún estaba yo en Londres cuando Hermione volvió de Buenos Aires para dar por finalizada nuestra relación. Los motivos que me dio fueron que ella misma se había distanciado de todo lo que había sido Hogwarts y que no estaba segura de estar enamorada de un chico muggle y buonarense. - Siguió Ron.
- Hermione, fuiste muy cruel con Ron. - Dijo Ginny con tono de reproche.
- No lo fui tanto. Estuvimos horas hablando y aclarándolo todo. No quería que hubiese ningún malentendido entre nosotros. Necesitaba contarle como era mi vida en Buenos Aires y las dudas que me atormentaban. - Aclaró Hermione.
- Hermione fue muy explícita contándome todo y hablándome de sus dudas. Necesitaba desahogarse. - Dijo Ron.
- La habitación que había alquilado era la del mejor amigo de Eloy, a quien pronto empecé a considerar como si fuese un hermano pero lo que no sabía era que se había enamorado de mí y de tanto hablarle sobre mí a su amigo Leonardo, éste quiso conocerme. No supe de los sentimientos de Eloy hasta hace pocos días cuando yo estoy libre de nuevo después de muchos años de relación y algunos de matrimonio con Leonardo. Me sorprendió que en su momento no me dijese nada cuando ambos sabían que mi relación con Ron ya estaba rota, incluso mucho antes de venir yo a Londres, pero, según Eloy, yo no tenía otro tema de conversación que no fuese Leonardo. No fue fácil darme cuenta de la situación. Necesité pasar una noche con Leonardo para empezar a planteármela y, aún así, hasta varios meses después no empezamos una relación. - Terminó de explicar Hermione.
- En ese momento me ofrecieron trabajar con dragones y lo acepté. Allí me volví a encontrar con Viktor Krum, a quien cómo sabéis admiraba como buscador hasta que fue con Hermione al baile de Navidad, pero entonces Krum ya no mantenía correspondencia contigo y yo necesitaba olvidarte. - Dijo Ron mientras miraba a Hermione. - Al final nos hicimos grandes amigos y fue él quien me presentó a la chica con la que ahora comparto mi vida.
- ¿De dónde es ella? - Preguntó Hermione con curiosidad.
- De Kiev, preciosa ciudad igual que ella. - Contestó Ron.
- Bueno, Ginny, ¿qué tal te fue en tu último año en Hogwarts? - Preguntó Hermione.
- Sustituí a Harry como buscadora y capitana del equipo. Saqué muy buenas notas en todos los EXTASIS a los que me presenté y os eché mucho de menos a todos, sobre todo, a Harry. Muchas veces le pregunté a Lupin por Harry pero al contestarme no dejaba nada en claro. También me suscribí a "El Profeta" y me leía cada número varias veces pero tampoco servía de nada. - Dijo Ginny con resignación.
Ginny miraba con atención el libro que Hermione había dejado sobre la mesa cuando llegó.
- ¿Puedo cogerlo? - Le preguntó a Hermione quien asintió. - ¿Quién es Judith Yorkshire?
Le sonaba el nombre pero seguramente no era quien Ginny pensaba. Faltaba poco para que Yorkshire fuese su apellido y el libro que tenía entre las manos no podía estar escrito por su futura cuñada.
- Es una novelista muggle muy leída en Argentina. - Contestó Hermione.
- ¿Es una escritora consagrada?
- Aún no. Ésta es la segunda novela que publica y, además, tiene nuestra edad. En la contraportada hay una breve reseña sobre ella.
- Aquí pone que es española, licenciada en Historia por la Universidad de Sevilla y poco más. - Dijo Ginny que había aprendido algo de español cuando jugaba al quidditch.
- Es lo único que se sabe sobre Judith Yorkshire en Argentina, no sé si en España tendrán más datos de ella.
- ¿Y qué tal está el libro?
- Está muy bien y me trae muchos recuerdos de Hogwarts. La trama transcurre en un colegio de magia ubicado en el norte de España y se narran situaciones que me resultan muy familiares.
- Pero, ¿Judith Yorkshire sabe algo sobre el mundo mágico? - Preguntó Ron quien había escuchado con interés la conversación entre las dos jóvenes."

Elena Velarde
Enero 2006 (corregido en octubre de 2010)

Publicado también en: http://www.potterfics.com/historias/61609/capitulo-1.

12 nov. 2012

Adaptaciones cinematográficas (II)


Cartel de The Other Boleyn Girl – Las hermanas Bolena, adaptación cinematográfica de la novela histórica homónima de la escritora británica Philippa Gregory publicada en 2002. La película fue producida por el Reino Unido y los Estados Unidos, se estrenó en 2008, dura 115 minutos y se ambienta en el siglo XVI. Está protagonizada por Scarlett Johansson (Nueva York, 1984) y Natalie Portman (Jerusalén, 1981) como las hermanas María y Ana Bolena, respectivamente; por Eric Bana (Melbourne, 1968) en el papel del rey Enrique VIII de Inglaterra; y por Anna Torrent (Madrid, 1966) que interpreta a la reina Catalina de Aragón. (Fuente: Wikipedia).
Escena de un capítulo de la serie de televisión Gossip Girl, basada en las novelas homónimas escritas por Cecily von Ziegesar. Se estrenó en los Estados Unidos el 19 de septiembre de 2007, consta de seis temporadas y en España se puede ver en Cosmopolitan Televisión y en Divinity. La historia está narrada por una bloguera y se centra en la vida de un grupo de jóvenes del Upper East Side de Manhattan (Nueva York). Está protagonizada por los actores Leighton Meester (Texas, 1986) como Blair Waldorf, Chace Crawford (Texas, 1986) es Nate Archibald, Ed Westwick (Inglaterra, 1987) da vida a Chuck Bass, Blake Lively (Los Ángeles, 1987) interpreta a Serena van der Woodsen, Penn Badgley (Baltimore, 1986) en el papel de Dan Humphrey, Kelly Rutherford (Kentucky, 1968) es Lily van der Woodsen, Matthew Settle (California, 1969) es Rufus Humphrey y Michelle Trachtenberg (Nueva York, 1985) interpreta a Georgina Sparks. (Fuente: Internet).
Cartel de Something Borrowed – Algo prestado (leída en agosto de 2012 y pendiente de reseña), adaptación cinematográfica de la novela homónima de Emily Giffin (Baltimore, 1972) que se publicó en Estados Unidos en junio de 2004. La película se estrenó en los Estados Unidos en el año 2011, dura 112 minutos y tuvo un presupuesto de 35 millones de dólares. Está protagonizada por Ginnifer Goodwin (Memphis, 1987) como Rachel, Kate Hudson (Los Ángeles, 1979) es Darcy, Colin Egglesfield (Michigan, 1973) interpreta a Dex Thaler y John Krasinski (Massachussets, 1979) en el papel de Ethan. (Fuente: Internet).
Cartel de una de las adaptaciones cinematográficas de Little Women – Mujercitas, novela juvenil escrita por Louise May Alcott y publicada en 1868. La película se estrenó en 1949, dura 121 minutos y está protagonizada por June Allyson (Jo), Janet Leigh (Meg), Elizabeth Taylor (Amy) y Margaret O’Brien (Beth). (Fuente: http://cronicasenferrocarril.blogspot.com.es/2012/02/mujercitas-1949.html).
 
Cartel de la última adaptación cinematográfica de Pride and Prejudice – Orgullo y Prejuicio, novelas escrita por Jane Austen entre 1791 y 1798 con sólo 20 años y publicada en 1813. La película se estrenó el 11 de septiembre de 2005 en los Estados Unidos, el 11 de septiembre de 2005 en el Reino Unido y el 10 de febrero de 2006 en España. Se rodó en el Reino Unido durante el verano de 2004, está dirigida por Joe Wright, dura 127 minutos, tuvo un presupuesto de 22 millones de libras esterlinas y una recaudación de más de 121 millones de dólares. Está protagonizada por Keira Knightley (Londres, 1985) que interpreta a Elizabeth (Lizzie) Bennet, Matthew Macfadyen (Norfolk, 1974) como el señor Darcy, Rosamund Pike (Londres, 1979) en el papel de Jane Bennet, Donald Sutherland (Canadá, 1935) es el señor Bennet, Brenda Blethyn (Kent, 1946) como la señora Bennet y Judi Dench (North Yorkshire, 1934) que interpreta a Lady Catherine de Bourgh. (Fuente: Internet)

9 nov. 2012

"Pinceladas" (Relato propio)


PINCELADAS


"Nadie sabía la importancia que Pinceladas al óleo tenía para Judith y fue al empezar a escribirla cuando pudo superar la crisis que vivió en su primer año de facultad y no su relación con Pablo como muchos pensaban. Este último era el que mejor conocía lo que se escondía tras esa novela, aún así desconocía mucho acerca de ella.
En el verano entre primero y segundo Judith se reencontró consigo misma, fue el primero en el que trabajó y en el que además tuvo que estudiar. Tras llegar de Sicilia, se fue a pasar el mes de Agosto al pueblo de sus abuelos maternos en Asturias y en Septiembre, tras los exámenes, se fue a Cambridge con Pablo. Esos quince días los aprovechó para escribir, leer y afianzar aún más su relación con Pablo, a quien apenas vio desde que se fue a Sicilia.
Fue en Asturias donde se replanteó su vida y decidió dejar la delegación de alumnos, ya que la consideraba una pérdida de tiempo que no le aportaba mucho a su vida. Había pasado ya casi un año desde que entró a la universidad y había llegado el momento de valorarlo. Habían sido doce meses llenos de cambios y también de nuevas experiencias entre las que destacaría el alivio que sintió al no ser más “hija de...”, las excavaciones a las que tuvo la oportunidad de ir y el intercambio de apuntes cuando alguien faltaba a clase o quería compararlos con los que había cogido.
Cambiaron muchas cosas desde que empezó segundo. Ya sabía a lo que se enfrentaba y eso la tranquilizaba. Su forma de coger apuntes en clase apenas cambió pero se llenaron de colores al usar rotuladores para subrayarlos e incluir anotaciones para completarlos. Estaba todo el día en la facultad, tuviese clase o no. Entre semana estudiaba en la biblioteca con pequeños descansos para tomar un café a media mañana, a comprarse rotuladores, dossieres de asignaturas o hacer fotocopias... y los fines de semana en su casa o en casa de Pablo. Ese año dio una asignatura que la marcó especialmente: La Civilización Medieval a través de los Testimonios Materiales con sus prácticas para aprender a citar bibliografía, a manejar actas de conferencias, etcétera y el trabajo que hizo al final del cuatrimestre sobre los castillos en Inglaterra durante los siglos XIII y XIV.
Judith, si no escribía con asiduidad, no era ella y la escritura para ella era como una droga, la necesitaba para vivir. Siempre lo hacía en español, a pesar de que en inglés poseía la misma fluidez, casi nadie lo entendía y Judith tampoco sabía porqué no escribía en ambos idiomas cuando su personalidad se caracterizaba por esa dualidad y era eso lo que la hacía tan atractiva.
El término pincelada llegó a formar parte de la vida cotidiana de Judith y también de su personalidad pero no sabía porqué lo usaba tanto en contextos que se diferenciaban mucho entre sí y algunos de los cuales se alejaban bastante del ámbito propio de la literatura. A sus veintiocho años aún no había encontrado una respuesta que tuviese fundamento y le aclarase un poco qué significado podía tener pincelada para ella. Suponía que la relación que mantuvo con Pablo durante tantos años tuvo que influir en su manera de concebir la pintura y sus elementos más característicos como los pinceles, los pigmentos, la paleta, el óleo, el lienzo...
Judith no lo sabía pero se convertiría en la representante del movimiento literario del Pincelismo que englobaría a un conjunto de novelas que se escribirían en España e Inglaterra durante la primera mitad del siglo XXI y que se caracterizaba porque la estructura de sus novelas eran pinceladas que iban dibujando a los personajes y también la acción de la novela, cuya lectura podía ser un símil a la pintura de un lienzo desde sus primeras pinceladas.
Su obra más importante fue Pinceladas de patinaje que Judith escribiría veinte años después que el primer borrador de Pinceladas al óleo. A diferencia de sus otras novelas, ésta narraba tres historias de amor simultáneas en el tiempo pero alejadas en el espacio, cuyo denominador común eran la edad de los protagonistas y el patinaje artístico sobre hielo. La novela empezaba con unas primeras pinceladas sobre una historia que se desarrollaba en San Petersburgo y que narraba la relación que hubo entre Vera Nekrasova, cuyo pasado la atormentaba, y Aleksei Ulanov, cuyo objetivo era descubrir lo que se escondía tras tanta perfección y así poder destruir a la patinadora. Después, la acción se trasladaba a Pekín donde los protagonistas vivían un historia que recordaba a la de Romeo y Julieta. Y, por último, recuperó la historia de Lindsay y Kyle a la que hizo varias modificaciones con respecto a la versión que aparecía en Lo que sentí al verte dormida y que esta vez se desarrollaba en Chicago.
Love Actually inspiró a Judith cuando empezó a escribir Pinceladas de patinaje, cuya acción transcurría entre el día de Acción de Gracias a finales de Noviembre y el día de la Navidad ortodoxa rusa el 7 de Enero. Fue una novela a la que llenó con sus recuerdos de infancia y las diferentes tradiciones que entre los tres países existían para celebrar una fiesta de origen cristiano.
Las navidades de Judith mezclaban las tradiciones anglosajonas con las españolas. Añoraba levantarse la mañana de Navidad, despertar a sus padres y sus hermanos e irse todos juntos a abrir los regalos que estaban debajo del árbol. Al estar en Londres la Nochebuena no la celebraban y el día de Navidad cenaban en una de las residencias de su abuela, igual que el día de San Esteban, a partir de las siete de la tarde. Tras la cena, cantaban una gran variedad de villancicos como Noche de Paz, Blanca Navidad o 25 de Diciembre y siempre acompañados por el sonido de las panderetas, las zambombas y el piano que solía tocar Natalia. 
De Pinceladas de patinaje con la historia con la que más se identificaba Judith era con la de Vera y Aleksei, también fue con la que más disfrutó. De las tres era la de mayor complejidad y la que más sorprendía al lector con esos giros que de repente daba y que los descolocaba. Vera y Aleksei parecían personajes que estaban llenos de fuerza pero, en realidad, eran muy frágiles.
Le gustaba escribir a mano, en un cuaderno o en folios, cuyas páginas enumeraba y fechaba al comienzo del mes en la esquina superior derecha, y con bolígrafo azul. Alguna vez lo intentó delante de la pantalla del ordenador pero ésta no le inspiraba y el teclado sólo lo usaba para transcribir lo que había escrito con anterioridad.
Como Almudena Grandes y otros escritores intentaba escribir sus novelas en orden desde la primera página hasta la última y evitaba hacer versiones, lo que no significaba que tuviese al menos un par de borradores por cada novela.
“Escribir una novela es un trabajo largo, pero apasionante.” Judith no se acordaba bien donde había leído esta cita y quien la había escrito.
Prefería escribir una novela donde la narración durase poco tiempo, por ejemplo, unas horas, a una que abarcase a más de una generación. Disfrutaba más describiendo, haciendo reflexionar recordar a los personajes que narrando diferentes situaciones.
Con veinte años ya había cumplido algunos de sus sueños de cuando era una adolescente, etapa que dejó atrás al cumplir la mayoría de edad un par de años antes. Estaba estudiando lo que siempre había querido, había participado en excavaciones que le habían hecho ver que, aparte de la investigación, lo suyo también eran el pico y la pala, y había escrito un par de novelas, la última de las cuales empezó a publicar en un foro de Internet donde tuvo buena acogida y donde le escribieron cosas que nunca le habían dicho y que significaron mucho para Judith en su crecimiento como escritora. A la vez que publicaba un capítulo, hacía una serie de preguntas a sus lectores acerca del argumento y sus personajes, intentaba no presionarles para que contestasen y les encantaba leer sus respuestas. Algunas de ellas se acercaban bastante a la trama y al carácter de los personajes que Judith ya había pensado y/o escrito pero otras se alejaban.
La experiencia la volvió a repetir con casi todas las novelas que escribió a continuación. Nadie averiguó lo que escondía Tita Lladró hasta que Judith no terminó de publicarla ni tampoco consiguieron adivinar, que la búsqueda de Vera Nekrasova por lograr la perfección, era para ocultar su vulnerabilidad y su miedo a enamorarse."

Elena Velarde
5 . 29 diciembre 2006