9 ene. 2013

Capítulo 8. "La magia existe" ("Pinceladas al óleo")


"Lupin le mostró un Londres que Judith nunca se imaginó que existiría. Quería demostrarle que la magia existía y que creyese en ella. Con brevedad le explicó lo que era el mundo mágico, quiénes eran los muggles, las diferencias de clase según el tipo de sangre y la vida de Harry en Hogwarts.
¿Por qué observaba la chimenea? No tenía nada que destacase. Había visto muchas otras de piedra iguales a ésa e, incluso, pudo observar que no la limpiaban con frecuencia. Pasó el dedo por el borde. En su interior aún había restos de cenizas de la última vez que la encendieron.
- Judith, toma. - Le ordenó Lupin y esparció unos polvos sobre la palma de la mano de Judith. - Observa lo que hace Bill.
- Gran Comedor de Hogwarts. - Dijo con voz decidida Bill Weasley, que estaba en el interior de la chimenea, y dejó caer los polvos sobre su cuerpo.
- Judith, ya sabes lo que tienes que hacer. - Dijo Lupin. - No tengas miedo. - Intentó tranquilizarla. - Dilo alto y claro. No seas un torbellino. - Le aconsejó. Lupin la miró a esos ojos tan llenos de dulzura, capaces de hacer derretir a los más gélidos corazones, y, a la vez, de tanta fuerza como los de Lily Evans. Era como si el tiempo se hubiese detenido treinta años y la vida le estuviese dando una segunda oportunidad pero nunca engañaría a dos personas tan queridas para él como eran James Potter y su hijo. Jamás se lo perdonaría.
Se había vestido con unos vaqueros algo envejecidos y un jersey de cuello vuelto que dibujaba sus curvas. Quienes la conocían, sabían que Judith apenas se maquillaba y ese día no era una excepción.
Sabía porque Harry se casó con Judith. Era una mujer a la que le gustaba el riesgo y que no se rendía ante nada. Su mayor atractivo estaba en esa mirada que poseía tan seductora como la de Lily Evans.



- ¡Hola, Lupin! - Saludó con frialdad un hombre vestido todo de negro que los había interceptado en medio de un pasillo. - ¿Enseñándole Hogwarts a tu nueva mujercita? - Preguntó con desprecio. - Soy Severus Snape. - Se presentó.
- Judith Mary Yorkshire, - dijo con cortesía, - y Lupin y yo no estamos casados ni tampoco somos parejas. - Aclaró.
- ¿Podéis explicarme que hace una muggle como tú en Hogwarts acompañada por un licántropo? - Preguntó Snape con sorna. Antes de que le contestasen añadió: - He observado que llevas una alianza, ¿con quien estás casada?
- Con Harry Potter. - Contestó Judith con frialdad.
La desilusión y el odio apareció en el rostro de Snape.
- Tenía la esperanza de que dijeses el nombre de Draco Malfoy. -Dijo Snape con pesadumbre.
- Los sangre limpia nunca hubieséis aceptado que Draco se casase con una muggle. - Argumentó Judith, que mantenía el mismo tono frívolo desde que dijo su nombre, y dejó a Snape sin saber que decir para contraatacarla.
- Pero si ella fuese de sangre azul... - Insinuó Snape.
- ¿Qué quiere decir con eso? - Gritó Judith que cada vez estaba más molesta.
- Draco debería haberse casado contigo, en lugar de con esa asquerosa muggle. - Dijo Snape que desconocía que su querido Draco ya no era un Malfoy desde hacía casi una década.
- No hable así de Valle. - Se exasperó Judith.
- Ella tiene la culpa de todo lo malo que le ha pasado a Draco en los últimos años. - Explotó Snape que ignoraba que Draco le debía mucho a Valle y a Judith.
- Valle no es culpable de nada. No le voy a tolerar que me hable así de mis amigos. - Dijo Judith muy molesta al ver como Snape insultaba a su íntima amiga del colegio. -Si necesita soltar toda la furia que lleva dentro, hazlo con otra persona. Yo ya me cansé de escucharle. - Le dijo tanjante Judith a Snape. - Lupin, ¿puedes seguir enseñándome el resto del castillo y sus terrenos? - Le preguntó Judith con educación.
La miró mientras se alejaba. Le había llamado la atención esa apariencia dulce e inocente que mostraba y que sus ojos color violeta intensificaban. Si al conocerla ya conseguía que la desease cualquier hombre, ¿cómo sería en la cama?
- ¡Severus, despierta! Es una muggle. No puedes pensar así de ella. - Se reprochó Snape a sí mismo.
Debería odiarla. Tenía razones para ello.
- No le has caído bien. - Le susurró Lupin a Judith cuando ya se habían alejado lo suficiente.
- A mí él tampoco. - Dijo Judith.




Judith, pensativa, observaba la lumbre y bebía ron de grosella. ¿Por qué Harry no se lo había contado? ¿No confiaba en ella? Eso fue lo que más le dolió. Necesitaba llorar pero no podía, se lo había prohibido a sí misma.
¿Valle que sabía sobre el pasado de Draco? ¿Y Alejandro, sobre el de Ginny? ¿Habrían tenido Ginny y Draco el valor de contarle a sus respectivas parejas que pertenecían al mundo mágico? ¿Dónde estaba la valentía que Harry había tenido antaño?
Lo suyo había sido un flechazo, sin embargo, el Harry de Hogwarts no era el de veintipocos años que Judith había conocido. "Todos tenemos un pasado" y el descubrimiento del de su marido la había dejado fascinada, pero aún había muchos cabos sueltos que sólo el propio Harry podría aclararle.
Harry ya le había contado que él no había llegado a conocer a sus padres, ya que habían sido asesinados cuando Harry apenas contaba un año. Lupin y Mc Gonagall le relataron a Judith el asesinato de James y Lily Potter. Nunca llegaría a admirar a nadie como lo hizo con Lily Evans que eligió la muerte para que su hijo viviese.
Se había hecho tarde y de la lumbre sólo quedaban las cenizas. Apuró lo que le quedaba de ron y buscó en el bolso una botellita de cristal.
- A La Madriguera. - Dijo Judith decidida y el fuego empezó a crepitar.
Allí la esperaban para cenar los Weasley, su hermano y su sobrina. Lupin también estaba allí, había llegado unos minutos antes.



- La primera vez que tu hermano vino a La Madriguera se nos olvidó que Ginny nos había dicho que era muggle y Alejandro se sorprendió cuando vio que los platos se fregaban solos, las personas de las fotografías lo saludaban e, incluso, le hablaban. - Le contó Molly a Judith después de que esta última relatase su día en el callejón Diagon y en Hogwarts.
- Fue divertido. - Dijo Alejandro con una amplia sonrisa. - Lo asimilé pronto y desde entonces veo la magia como algo natural. A Ginny le ha costado más adaptarse al mundo de la realeza y a que en un principio no fuese bien vista por los ingleses. - Continuó. - Lo que aún no entiendo es porqué Ginny nunca ha querido conocerte. Siempre encontraba una excusa, sin embargo, nunca tuvo problemas con el resto de la familia ni con mis amigos. - Comentó con seriedad.
- Puede que tenga algo que ver con Harry. - Dedujo Judith con una voz cada vez más apagada y con un aire de tristeza que intentaba ocultar.
- Ginny dejó de tener noticias de Harry de un día para otro. - Informó Lupin. - Ginny me acosaba pero no podía contarle nada acerca de Harry. Con el tiempo lo terminó olvidando y dejó de sufrir por una relación que ninguno de los dos dio por finalizada en su momento.
- Lo que aún no entiendo es porqué Ginny siempre se ha negado a conocerme. No sé que le he podido hacer... - Judith no pudo terminar la frase. - Ya no sé que excusas se va a buscar y tampoco le sirven. Ya nos hemos conocido.
- Está en casa de Judith y Harry con Ron y Hermione. - Informó Lupin al ver la expresión de sorpresa, que se acentuó, en el rostro de Molly.
- ¿Ron y Hermione siguen juntos? - Preguntó Molly con el rostro iluminado.
- Lo dejaron hace varios años cuando Hermione se fue a Argentina. - Contestó Judith con pesar.
- ¿Qué razones podría tener Hermione para irse a Argentina y dejar a Ron? - Preguntó Molly algo molesta.
- No lo sé. - Contestó Judith con sinceridad."

Elena Velarde
Abril - Junio 2006 (corregido en octubre de 2010)

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