25 abr. 2019

Asesoría en la contextualización histórica de ensayos y obras literarias


Entre la escritura del primer borrador de una obra literaria o un ensayo y su publicación hay mucho trabajo, y lo ideal sería que interviniesen diferentes profesionales. Entre ellos están el asesoramiento al autor y la corrección del manuscrito, siendo los más habituales la “Asesoría literaria” y la corrección de estilo y ortotipográfica.
Los correctores profesionales suelen ser licenciados o graduados en alguna Filología como Abril Camino, Periodismo como Laia Soler o Traducción e Interpretación como Gemma Beltrán. La primera se declara una apasionada de la Gramática y la Ortografía, tiene más de 10 años de experiencia profesional corrigiendo textos y entre sus servicios incluye la “Corrección de estructura”, también conocida como Editing. También hay otros correctores con otras licenciaturas que pueden ayudar al escritor a pulir y enriquecer las personalidades, emociones y sentimientos como Érika Gael, que es licenciada en Psicología. En ninguna de las páginas web de correctores que he encontrado e investigado, he leído que corrijan detalles de contextualización de novelas o ensayos, ni siquiera en los de temática histórica donde ésta es tan importante.
Soy licenciada en Historia, poseo un Máster en Arqueología y siempre he tendido a contextualizar cualquier acontecimiento, incluidos los personales. Desde que abrí este blog en junio de 2012, siempre he comentado en mis reseñas los detalles relacionados con la contextualización de las tramas, y las edades y trayectorias personales y profesionales de los personajes. He señalado tanto los fallos como los buenos trabajos en ese aspecto en escritores como Antonio Puente Mayor, Victoria Álvarez o Marta Gracia Pons.
Lo más fácil y cómodo para un historiador es trabajar junto a un autor en novelas históricas, pero en las contemporáneas también es necesario prestar atención a estos detalles y me he leído más de una novela donde estos aspectos se han descuidado. Entiendo por novelas contemporáneas aquellas escritas en la última década y cuyas tramas se ambienten a partir de 1975. Voy a ilustrar esta entrada con posibles situaciones y en cada una de ellas encontraréis ejemplos de novelas contemporáneas, históricas o híbridas de autores españoles.
Una incoherencia temporal que me llamó bastante la atención es la que muestro en esta imagen. A mí el diseño de la cubierta me parece bastante bonito y me transmite la idea de que en su interior me voy a encontrar una novela ambientada en la actualidad o en los años 90. Sin embargo, la trama se ambienta en los años 20. Es un pequeño error que la autora (Romina Naranjo), su editora (Esther Sanz) y el ilustrador (Luis Tinoco) podrían haber evitado si se hubiesen asesorado por un historiador. (Fuente: http://titania.org/es-ES/catalogo/catalogo/al_pie_de_la_montana-500000381?id=500000381). 
Una de las incongruencias en referencias cronológicas y a las edades y trayectorias profesionales más llamativas me la encontré en Herbarium de Anna Casanovas, novela ganadora de la segunda edición del Premio Titania. Durante su lectura hice muchos cálculos mentales, reflexioné mucho y no entendí que en sólo 5 años y con menos de 30 años alguien consiguiese tantísimo prestigio académico en la Universidad de Oxford y habiendo sufrido una importante amnesia y habiendo estado incapacitado durante meses. También he encontrado este tipo de errores en otras novelas como Recuerdos de un instante de Tania López o la pentalogía de Los chicos del calendario de Candela Ríos donde lo que más llama la atención es el baile de fechas.
La siguiente situación que quiero comentar es el de novelas bien contextualizadas en la sociedad en la que sitúan la trama. En ellas también encontramos ciertas referencias políticas y socioeconómicas, y no sólo culturales. Ilustro esto con una novela que se publicará en pocos días y que es una apuesta arriesgada de la editora de Titania. He leído el avance que la editorial ha publicado en su página web y me ha parecido original la contextualización introductoria en algunos capítulos. Hasta ahora no había visto algo así en ninguna novela. También llama la atención el que el índice de la misma sea una Playlist donde predomina la música española, ya que la novela se ambienta en Salamanca. Es un New Adult que se desmarca del que hasta ahora había publicado esta editorial y donde sólo encontrabas novelas ambientadas en los Estados Unidos, y donde sus autoras (Alice Kellen, María Martínez o Elena Castillo Castro) sólo mencionaban referencias culturales de dicho país y casi siempre las mismas. 
Otra novela que me gustaría destacar por una contextualización cuidada y bien trabajada es la de Una erasmus en Bruselas de Alfredo Escardino. Es una buena opción para conocer mejor la compleja situación política que se vivió en Europa a finales de los años 80. Es la época de la Europa de los 12 previa a la caída del muro de Berlín y la desmembración de la Unión Soviética, Checoslovaquia y Yugoslavia. También es interesante esta novela porque muestra como fue la Erasmus en sus primeros años (1988) y las referencias socioculturales y tecnológicas de la época. Es curioso conocer cómo se vivía esta experiencia universitaria sin móviles, Internet y redes sociales.
Otra situación que me gustaría destacar en esta entrada es la situación por la que están optando algunos jóvenes autores españoles nacidos en la década de los 80. Me refiero a la dificultad de intentar retratar la complejidad de la juventud occidental de principios del siglo XXI a través de novelas cercanas, cotidianas y cierto toque costumbrista. Ojalá este tipo de novelas se conviertan en fuentes de estudio para los historiadores del futuro como lo son en la actualidad clásicos como Orgullo y prejuicio de Jane Austen o Mujercitas de Louisa May Alcott, aunque muchos historiadores sientan cierto rechazo a considerarlas como fuentes. Las novelas que ilustran esta breve explicación están basadas en experiencias de los propios autores: una experiencia Erasmus con presencia de móviles y redes sociales en el caso de la de Carlos Carranza (1989), el trabajo de un autónomo a través de una correctora freelance en el de Estefanía Yepes (1988) o el de una adicción a las redes sociales y la desintoxicación digital en el de Berta Bernad (1988). (Fuente: Elaboración propia).
Me gustaría terminar esta entrada comentando que no soy partidaria de la presencia de notas a pie de página en las novelas, salvo en los clásicos. La última novela de Anna Casanovas (Buenas intenciones) está llena de ellas y creo que hubiese sido mejor un apéndice al final de la misma. Se trata de un recurso habitual en las novelas históricas, lo que permite al autor explayarse con las explicaciones históricas y de contextualización, y que a mí me suelen aburrir. El único que me ha gustado por su originalidad y cercanía en el planteamiento es el de El testamento deSanta Teresa, donde el autor lo ha abordado desde su propia experiencia. La protagonista de la trama del presente de esta última también es un personaje interesante, ya que le ha permitido a su autor trasladar parte de su experiencia como estudiante de doctorado y narrar de una manera amena la aridez de una investigación predoctoral y su metodología.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Aquí puedes escribir lo que pienses, opines, etcétera sobre la correspondiente entrada pero siempre con respeto. Se borrarán los comentarios que sean ofensivos, difamatorios o spam y aquellos que quieran aprovechar este blog para publicitarse.