5 ago. 2020

Asesoría histórica en crecimiento personal, contextualización y documentación


Ya he publicado en este blog dos entradas centradas en las Asesoría histórica y arqueológica para obras literarias y audiovisuales. En la primera me centré en la importancia de la contextualización y en la segunda en la de la documentación. Sin embargo, ésta abarca mucho más y es aplicable a muchos más sectores profesionales e, incluso, familiares o más personales.
En las entradas previas y complementarias a ésta ya hablé de las figuras de los correctores profesionales y los documentalistas. En esta quiero mencionar otras algo más recientes y complejas como son los coaches y los mentores profesionales. En los últimos años en el entorno del emprendimiento digital han aparecido muchas mujeres veinte y treintañeras que se definen como tales y ofertan servicios centrados en el crecimiento personal y profesional desde distintas perspectivas. Casi ninguna de ellas posee titulación en Psicología y menos aún en Historia o Humanidades. Son negocios centrados en la importancia del presente, en la productividad y en las planificaciones futuras a medio y largo plazo, y apenas le prestan algo de atención a conocer nuestro pasado para entender a nuestro yo presente y que éste avance hacia el futuro.
Mis estudios y experiencia en los sectores de la Historia y la Arqueología me imposibilitan acompañar a otras personas a gestionar sus emociones. Sin embargo, sí me capacitan para ayudarles a conocer mejor su legado familiar a través de la recogida de testimonios, el análisis de fotografías y documentos antiguos, y la elaboración de árboles genealógicos. Aquí se mezclan el crecimiento personal de cada uno de nosotros a través de conocer mejor nuestro pasado familiar, la contextualización del mismo y la documentación que es necesaria para reconstruirlo.
Esta novela se ha publicado hace apenas un mes y su interior me está sorprendiendo gratamente. Leí algunas opiniones sobre ellas y sus primeras páginas y decidí darle una oportunidad, eso sí con las expectativas bajas por si acaso. Sin embargo, he conectado muy bien con la trama de crecimiento personal que esconde y, a pesar de su contexto actual, la estoy también leyendo como historiadora. Su trama va un poco contracorriente de la tendencia actual de desechar el pasado y centrarse en el presente. En sus páginas veo un reflejo de lo que para mí es el crecimiento personal y de lo importante que es ese reencuentro con nuestros pasados familiares y personales para comprenderlos desde la distancia y redescubrirnos. Hay acontecimientos en nuestras vidas que cuando suceden no sabemos gestionar e intentamos cerrarlos de mala manera hasta que reaparecen y nos vemos obligados a parar y dedicar tiempo a escuchar a nuestras emociones y a reinterpretar lo que años atrás nos marcó y paralizó sin ser conscientes de ello. Este autodescubrimiento de lo que pasó se puede hacer a través de la reflexión sobre los mismos y/o la escritura de las emociones y los sentimientos de entonces, aunque sea en tercera persona y sólo se lo mostremos a nuestras amistades más cercanas. Otra curiosidad relacionada con las dos últimas novelas de María Martínez hablan de la pérdida de un determinado ser querido y ambas las he leído meses después de haber perdido yo a personas cercanas con el mismo grado de consanguinidad y sexo que las protagonistas de ambas tramas. 2019 fue un año de duelo y ausencias, y 2020 también lo está siendo. La fotografía que ilustra este párrafo y toda esta entrada es mi particular homenaje a él y al apoyo que siempre me mostró con este blog. (Fuente: Elaboración propia).
Allá por 2015 empezó a hablarse en España sobre el mindfulness como estilo de vida y las novelas feel good que intentaban transformar en ficción algunas de las ideas que los libros de autoayuda recogen en sus páginas desde hace un par de décadas. Se trata de otra tendencia más que llega desde los Estados Unidos como una revisión y occidentalización de ciertas ideas y tradiciones escogidas de manera aleatoria de las culturales orientales. No son tan novedosas como nos han hecho creer, ya que estas modas son cíclicas y han surgido con cierta frecuencia desde finales del siglo XIX, y también porque muchos de sus postulados ya existían en Occidente y en el cristianismo sin traducir sus denominaciones al inglés o algún idioma oriental. Otras problemáticas subyacentes son su descontextualización al elegir sólo lo que interesa a la sociedad occidental, su desinterés hacia un conocimiento profundo del día a día de esos países donde suele haber mucha pobreza y desigualdad y su elitismo al centrarse en experiencias personales de microinfluencer de cierto poder adquisitivo que convierten el crecimiento personal en un negocio bastante lucrativo y no prestan atención ni cuestionan las injusticias que hay en países como la India, Tailandia o Bali.
En la ficción española encontramos algunos ejemplos de lo mencionado en el párrafo anterior. En los últimos años han surgido autoras que han creado tramas de crecimiento personal, aunque sólo Rachel Bels ha sabido crear un catálogo donde éstas tienen mucha presencia en sus novelas. La mayoría de los autores usan el crecimiento personal como sinónimo de evolución de sus personajes a lo largo de la novela y no logran una construcción de los mismos donde este crecimiento sea evidente. Una buena trama de crecimiento personal se puede desarrollar bien en una novela de corte intimista y emocional donde se hable sobre sentimientos, emociones y aprendizaje a respetarse, admirarse y quererse a uno mismo. Un buen ejemplo de esto último son Tú y otros desastres naturales y La fragilidad de un corazón bajo la lluvia, destacando esta última por centrar la trama en el crecimiento personal en los dos protagonistas con sus propias voces y tratarlo desde distintas perspectivas: la personal, la familiar, la sentimental y la relativa a la amistad.
La buena contextualización de una novela también ha de estar reflejada en el diseño de su cubierta y más aún si muestra algún detalle que exista y despierte curiosidad en el lector. La imagen que ilustra este párrafo muestra una gran coherencia entre el título y el edificio que aparece en ella. Los indianos son la personificación de un fenómeno migratorio de los habitantes de las regiones del norte de España hacia América entre finales del siglo XIX y principios del XX. La mayoría de ellos se establecieron allí para siempre y algunos prosperaron y volvieron a sus pueblos natales en España. Este edificio, construido en 1906 y que alberga el Archivo de Indianos, es un claro ejemplo del estilo de Arquitectura indiana que encontramos en los pueblos de los concejos de Ribadedeva y Llanes en el oriente de Asturias. Sin embargo, la trama de El Indiano (Un destino propio en su publicación en Ediciones B) se desarrolla en la localidad cántabra de Comillas en 1883 dónde el lector no encontrará dicho edificio y 23 años antes de la construcción del mismo. (Fuente: Internet).
La contextualización es básica en la trama de una novela histórica, pero también lo es en las contemporáneas, las fantásticas o las distópicas por poner otros ejemplos. La novela histórica puede crear una trama alrededor de un acontecimiento como el descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago y el origen del Camino de Santiago en La peregrina de Isabel San Sebastián, o hacerlo sobre elementos más cotidianos y desconocidos como el origen de las modelos a finales del siglo XIX en Agujas de papel de Marta Gracia Pons. En estas últimas suele mencionarse algún acontecimiento o personaje histórico que esté relacionado con la trama, además de aspectos cotidianos, socioculturales y tecnológicos de la época. También hay que cuidar las contextualizaciones en tramas sobre viajes en el tiempo como en ¿Quién diablos eres? de Raquel de la Morena y en aquellas que alternen subtramas del pasado y el presente como en Carolina y los valientes de Anna Casanovas.
La contextualización también está relacionada con la fecha en la que se decide publicar una novela y la promoción de la misma, sobre todo si la trama tiene una ambientación que la caracteriza o está relacionada con la conmemoración de un acontecimiento histórico o literario. Un ejemplo serían las escasas novelas que se están publicando en los últimos años en España ambientadas en el mundo del patinaje artístico sobre hielo y donde las competiciones suelen tener lugar entre los meses de agosto y marzo. El intervalo de meses citados son los mejores para la publicación y promoción de dichas novelas, pero sólo encontramos que dos de ellas se han publicado en esos meses: Hielo de Érika Gael en diciembre de 2018 y Hielo y plata de Alena Pons el 21 de septiembre de 2020, ya que Tan sólo un segundo de Virginia S. McKenzie se publicó el 3 de abril de 2017.
En español apenas hay bibliografía sobre la cultura vikinga tanto de carácter científico como divulgativo y tampoco son muchos los historiadores que los hayan estudiado y publicado algún artículo sobre ellos. Hace 20 años sólo encontrabas en las librerías algún libro de mitología vikinga o introductorio sobre su vida cotidiana. Entre el inicio del siglo XXI y la emisión de la serie Vikingos se publicó algún libro introductorio más sobre ellos y cuyo autor era fotógrafo y escritor. El éxito de la mencionada serie llamó la atención de editoriales y universidades españolas que decidieron apostar por traducir manuales especializados y las sagas islandesas, buscar historiadores para la escritura de obras divulgativas u organizar congresos sobre cultura y arqueología vikinga. Hubo mucho interés entre los años 2013 y 2016 cuando podías encontrar entre las novedades de Historia algunas obras sobre vikingos, aunque no muchas, y se celebraron tres congresos en la Universidad de Granada y uno en la de Alicante donde una de las ponentes solía ser la joven historiadora Laia San José, administradora del blog The Valkyrie’s Vigil especializado en divulgar la cultura vikinga. Quizá la obra divulgativa más académica que he encontrado en los últimos años es la de la imagen, la cual se acaba de publicar y cuyo objetivo es acercar la cultura vikinga al público no entendido desde lo anecdótico y no ser sólo una obra introductoria. La autora es doctora en Estudios Escandinavos y sus investigaciones se centran en la cultura vikinga, lo que le garantiza al lector que tras las páginas del libro hay muchas horas dedicadas a buscar, leer, seleccionar e interpretar documentación. Las fuentes con las que ha trabajado la autora proceden de la Historia y la Arqueología para el estudio de la época vikinga, y de diversas artes (música, cine o literatura) para el de su legado desde 1066 hasta la actualidad. (Fuente: http://grupoalmuzara.com/libro/9788417954628_portada.jpg).
La documentación es básica en las obras científicas, de divulgación histórico-arqueológica y de ficción histórica. Sin embargo, al igual con el aspecto de la contextualización, también es muy importante en las fantásticas y distópicas para crear el mundo en el que se ambientará la trama, en las de ciencia ficción donde los temas científicos son importantes y en las contemporáneas si hablas sobre cuestiones que no conoces muy bien. A la hora de abordar la planificación, la documentación y la escritura de una obra de ficción o de no ficción necesitaremos también conocer cuál es el contexto en el que nosotros como autores nos enmarcamos, cuáles son los temas de actualidad y cómo se están abordando estos.
En la literatura comercial española hay muchas tendencias siendo algunas de ellas la Juvenil y la Romántica. La mayoría de las novelas que se publican en las dos citadas siguen esquemas casi calcados en cuestiones de ambientación y promoción de los autores y editoriales que más marcan las directrices a seguir, y en apariencia apenas hay trabajo de documentación que se pueda observar al leerlas. Sin embargo, he leído novelas que tratan temas de actualidad, como por ejemplo el feminismo y la problemática LGTBI+, donde sí ha habido interés por parte del autor de documentarse lo mejor y lo máximo que ha podido. Silverville de Victoria Álvarez es un western protagonizado por dos mujeres y ambientado en Colorado a mediados del siglo XIX, y Nada menos que Max de Diana de Paz se ambienta en Madrid en la actualidad y presenta una relación de pareja bastante arriesgada e incómoda.

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